
Selección de Carina Sedevich
Breves comentarios biográficos
Antes de compartir los poemas de Carina Sedevich, comentaremos brevemente algunos aspectos de su biografía vinculados a la literatura. Nació en Santa Fe. Su obra ha sido publicada y traducida a distintos países de Asia, Europa y Norteamérica y Latinoamérica. Se graduó en Ciencias de la Comunicación y se especializó en Semiótica. Traduce poesía y escribe también narrativa breve.
Entre otras
distinciones, recibió el Premio de Poesía José Pedroni 2022 (Ministerio de Cultura de Santa Fe, Argentina) por su libro Un pez en un cauce que mengua. Entre sus obras destacan Rosados cuerpos de pinos (Chile, 2021), Un cardo ruso (Argentina|Brasil, 2016), Klimt (Argentina|España, 2015), Incombustible (Argentina|España, 2013).
Entrevista rusa
¿Qué es para vos la poesía?
La poesía es el lugar que construyo para habitar, es el único lugar donde no me disuelvo, ese lugar donde el sentido puede ser extrañado y extrañante -y por eso mismo soportable y hasta disfrutable, a veces-.
¿Cómo es tu proceso de escritura?
Escribir es un proceso continuo y cotidiano. Lo estoy haciendo siempre, escriba o no. No puedo desatender la construcción del único lugar donde me es posible habitar.
¿Te acordás cuándo o por qué empezaste a escribir?
Empecé a escribir ni bien pude, ni bien descubrí las palabras, supongo que como estrategia para sobrevivir. Tenía que crear este lugar, este refugio. De algún modo supe que habitar en lo ya dado era ir hacia la desintegración.
Los poemas
De El dios de los vacíos (Alción, Córdoba, 2024) – de Carina Sedevich
En la órbita misma, en el orden jalde
A mi madre
Toda mi carne mortal recoge la blanca limosna del misterio.
Jacobo Fijman
1
La sequía endurece la luz del limonero.
Rueda a veces un fruto que persigue la perra.
Tomará solamente el tiempo necesario
la última vuelta, que será cualquiera.
Si yo tuviera un limonero
entraríamos juntos en la órbita
misma, en el orden jalde.
Todos los jugos
y el opaco paso
de los cuerpos
resumen cero.
*
Mi cuerpo oficia de médium cuando olvida
que lo que pensamos unir ya estaba entero.
*
Siguen acá
como el laurel
amurado
por la noche
sin sombra
ni flama
mi fealdad xántica
y la suya.
2
Patio: hoy no han venido pájaros.
Mi prisa es blanda, como la promesa de la lluvia.
No sé si mi madre existe, pero ayer la vi.
Inmóvil.
Ahora veo un viejo bailando en una foto
que tomó mi hijo en una isla.
Mi prisa es blanda. No hay adónde ir.
Entre la piedra y la carne, el espacio engrosado
de misterio. No más. Grácil la mano del viejo
como un pájaro que vino. Que sí vino.
Patio: mi madre no vino. Y no vendrá.
Acaso acudió a mis primeros días.
Inmóvil dentro de su cuerpo.
El viejo de la foto, ¿tendrá de qué arrepentirse?
¿Tendrá hijos?
Acaso si mi madre viviera en una isla
bailaría.
Patio: mi prisa es blanda.
Entre la piedra y la carne. Grácil.
Como el pájaro que vino. Que sí vino.
*
¿Voy a sembrar álamos
para que la soledad en ellos
se persigne,
frondosa, como la del poeta,
y todo sea de mí porque no existe?
De Radio infinito y gris del amarillo (Vuelo de Quimera, La Plata, 2025) – de Carina Sedevich
Los insectos de la enfermedad esperan sol
A cualquier madre, a la madre que sea, a mí misma
There are moments when the body is as numinous/ as words.
Robert Hass
1
Qué hiciste con los huesos de tu madre, al final, cuando venció la estancia/ en el panteón del cementerio/ en Santa Fe. Una mañana cualquiera nos tocará encontrarte/ y meternos casa adentro y poder tirar las cosas/ que veíamos pudrirse día a día. Por eso quiero saber hoy, para guiarme. Es que mi impiedad me mata antes/ me mata cada hora que no estoy.
Qué hiciste con la niña que lo escuchaba todo/ que metió la cabeza en el horno de tu boca. Racionarle la comida/ dejarla beber resentimiento/ a la orilla de los gritos, de las lágrimas/ sacarle fotos/ ponerle zapatos ortopédicos. Decirle inútil, estúpida, atorranta. Hacerle pagar caro haber podido andar/ o tropezarse. Echarla a la calle, querer robarle el hijo.
Qué hiciste con los huesos de tu madre/ que no podía caminar. Y con el corazón de tus hermanas pequeñas. Y con las cabecitas de tus hijos, brotadas de pelo/ clarito y ondulado. Una mañana cualquiera recuperaremos/ las fotos del tormento silencioso. Una mañana cualquiera nos tocará encontrarte. Ojalá que alcances a ver a tu hijo/ de nuevo, caminando como antes/ de vos, como antes de tu madre/ de cualquier madre/ de la madre que sea/ de mí misma.
Una mañana cualquiera, que puedo imaginar y sin embargo/ no alcanza para hacerme caminar hasta tu casa. Un día mi hijo pensará en mi mañana, esa mañana cualquiera. Hará su propio recuento de calamidades. A veces dice que ya/ me perdonó. Ojalá esa mañana yo/ tenga la casa limpia, los papeles en orden.
2
Muerte, plan, azar, vida. Pero no así, uno detrás de otro, sino superpuestos, como las capas de la atmósfera o las capas de la tierra. Esta nos va a enterrar a todos. Aquel se va alejando como un globo. Es en vano querer dilucidar/ muerte de plan de azar de vida.
*
Apenas soy/ estos pequeños actos impiadosos, residuos/ de una desesperación.
*
La noche fueron crujidos, alucinaciones.
La gata estuvo un poco afuera/ un poco adentro, más bien callada. El dolor del lado izquierdo del pecho pasó/ a la espalda y se fue moviendo a la derecha. Los vidrios chorrean adentro, afuera/ no hay más que agua. Limpio de nuevo/ enciendo las estufas. Los insectos de la enfermedad esperan sol/ como mis pulmones, como mis engrosados/ senos paranasales.
La noche fueron crujidos, alucinaciones.
No me estalló la cabeza, no me asfixié, no tuve un infarto. Mi hermano mayor nace de nuevo. Mi madre no. Mi hijo espera mi visita. No sé si él tiene miedo, yo tengo miedo/ tengo la certeza: algún estrago es parte de mi amor.
De Tengo por cuerpo el ojo de una aguja (inédito, en proceso de edición en la colección Distancia iluminada (Tanta Ceniza y La Ballesta Magnífica, Argentina | España, 2026)
Tengo por cuerpo el ojo de una aguja
En la ansiedad del pasado indefinido,/ en el aspecto durativo de elegir,/ escribo.
Mirta Rosenberg
1
Peregrinaciones salvajes me trajeron aquí. No necesito que lo entiendan. Recuerdo un río en las sierras, oscuro de hierro. Sé que es imposible recordar. Lo que digo es como el agua de ese río: peregrinaciones salvajes. Aún me falta numerar las cosas que nadie más dará por existidas. Tengo por cuerpo el ojo de una aguja. ¿Empiezo por el agua roja de ese río?
No necesito que se entienda. Empiezo a pasar las cosas por el ojo de la aguja. Las cosas frescas no siempre son frías. Lo que acaba de morir suele estar tibio. ¿Empiezo por eso? Esta que escribe pasa por el ojo de la aguja.
Peregrinaciones salvajes: sé que es imposible recordar. No necesito entender esto. Aún me falta numerar las cosas que nadie más dará por existidas.
2
Acudo a la única manera de existir en densidad, es decir, sin disolverme.
Escribo. Lo dijo un poeta hace cien años.
[…]
4
¿Soy la misma? Ni de una palabra a la siguiente.
5
Termine pronto la oscuridad, mas no el invierno, mas no el cristal/ mudo de cielo donde se pelan los fresnos/ ni la sequedad muda de tierra donde/ se pelan los fresnos ni/ la violenta boca de aire donde/ se pelan los fresnos.
6
El color de ese río es mi cuerpo, estoy fuera de la irrealidad, quizás/ como nunca antes. No estoy dentro de lo real, quizás/ como nunca antes. Mi densidad es el durante de los fresnos que se pelan. Mi densidad es decirlo.
Para conocer más sobre la autora:
Carina Sedevich nació en Santa Fe de la Vera Cruz, Argentina, en 1972. Su obra poética ha sido publicada en diversos países de Europa, Asia, Norteamérica y Latinoamérica, así como traducida al inglés, al chino, al portugués, al italiano, al polaco y al catalán. Entre otras distinciones, recibió el Premio de Poesía José Pedroni 2022 (Ministerio de Cultura de Santa Fe, Argentina) por su libro Un pez en un cauce que mengua. Entre sus obras destacan Rosados cuerpos de pinos (Chile, 2021), Un cardo ruso (Argentina|Brasil, 2016), Klimt (Argentina|España, 2015), Incombustible (Argentina|España, 2013). Se graduó en Ciencias de
la Comunicación y se especializó en Semiótica. Traduce poesía y escribe también narrativa breve. Dirige Revista Ardea, publicación de arte, ciencia y cultura de la Universidad Nacional de Villa María, Córdoba, Argentina.
Poesía, cine y actualidad.


