Poemas de Cali Duarte

Cali Duarte

Cosa seria publicó el nuevo libro de poesía de Cali Duarte

Antes de compartir los poemas de Cali Duarte, haremos un breve recorrido por algunos aspectos fundantes de su biografía. En primera instancia, mencionar que, recientemente, la editorial Cosa Seria (que sostienen Mauricio Giuletti y Facundo Podestá) publicó su libro “Algunas noches querrás volver a casa”.

Nació en Coronel Pringles. No sabemos cuándo. Lo que sabemos es que estudió letras y que recibió una beca de la Fundación Antorchas en el año 2001. Desde el año 2010 está radicado en Neuquén. En esa ciudad ha desarrollado distintas actividades en relación con la poesía. Una de ellas: coordinar Planes de Lecturas Nacionales y Provinciales.

Otros de sus libros publicados son: La forma de lo lejos (Suri Porfiado), No escribirás el paisaje (Rangún) y No hay lugar a donde ir (Charco Editora), Algunas noches querrás volver a casa (Cosa Seria).

Entrevista rusa

¿Qué es la poesía para vos?

Pienso la poesía como un tiempo que me conecta con búsquedas siempre fallidas, con un tiempo felizmente improductivo en donde intento dejarme llevar por algunas preguntas y estados de perplejidad.

¿La experiencia?

Sé que trabajo con una experiencia pero que, de algún modo, me devuelve lejano. Además, de ser esa cosa tan extraña y escurridiza, la poesía tracciona los afectos, te lleva a lugares y afectos insospechados, arma comunidades alejadísimas de lo que se le demanda hoy a la palabra.

¿Qué necesitás para escribir?

Para escribir necesito de algunas condiciones. Por ejemplo, no puedo escribir en un taller que pauta tiempos. A lo sumo te puedo escribir uno o dos versos porque la pauta temporal me apabulla porque siento que la poesía tiene que también que vérselas con la tiranía del reloj: tanto tiempo para escribir, tanto para publicar, tanto para leer. Es asfixiante!!! Yo siento que en ese proceso necesito tiempo y una forma muy rara de la soledad, porque en el momento del sentarse y empezar a armar algunas huellas, en ese momento estamos solos y no tanto, porque somos trabajados por las palabras de otros, por lo que está en nuestras memorias auditivas, en nuestras bibliotecas, en los libros marcados, y que son palabras que hemos vuelto cuerpo, fantasmas que nos acompañan.

¿Qué deja esa conversación con las palabras de los otros?

Lo grandioso de saber escuchar esas conversaciones es cuando una palabra, una frase, un verso te redirigen el rumbo de la mirada y te obligan a escribir de otra manera. Entonces, para mí, hay que esperar para que la voz tenga forma, y esa forma de la quietud la siento necesaria. Y después, cuando parís el libro, todo se mueve, los sentidos se mueven, el libro te lleva a la energía amiguera y eso es fabuloso.

¿Cómo llegás a la escritura?

Llego a la escritura por la lectura. La poesía me llega en la universidad a través de un modo de leerla, y fue en Literatura Norteamericana. Estaba a cargo Sergio Raimondi, gran poeta y gran lector. Fue ahí cuando encuentro otro modo de leer que no era escandir, contar versos, buscar figuras retóricas. Este lector les daba sentidos a los cortes de verso, al diagrama de la página, o hacía conversar la poesía con el marxismo.

¡Qué acontecimiento!

Para mí fue un gran hallazgo dar con poemas aparentemente claros y sencillos, sin lo rimbombante del artilugio retórico y que decían más allá de esa aparente sencillez. Eso me llevó a la poesía de los 90 (y lo que lo encontré en el Diario de poesía o en la revista Vox). Eso me marcó un momento como lector y esa seducción indudablemente me llevó a la escritura. En ese momento participé del primer taller literario que daba Omar Chauvié en la universidad.

Poemas de Cali Duarte

Pertenecen al libro Algunas noches querrás volver a casa, 2026, Editorial Cosa Seria

Nave de otro mundo

cuando era chico
me sentaba en el patio
junto a mi papá

me unía a mirar
sin cruzar miradas
el cielo

me envolvía
una solemnidad adulta
y lo veía extrañamente
perder su forma

inmenso
mi papá
hablaba como un hombre culto
del más allá
de la vida en el más
allá

no estamos solos
repetía
no estamos solos

mi papá
nunca leyó a levinas
pero intuía
qué era un otro
qué trato dar

desde esa noche
creo que mi viejo podría decirme
y reafirmar en un gesto de amor
no estamos solos

cuando en la cama de otros hombres
siempre espero que vuelva
en una nave de otro mundo

Por el lado del padre

te voy a cantar este poema
con una solemnidad colosal
que hasta los monumentos de hoy
agradecerán ser de piedra
y no de hierro

prestá atención

a los 16 me fui en tren
a buenos aires
siguiendo la ruta de mi oído
huir
no irme
siempre huir
y escuchar a bob dylan
para cantar
forever young
y terminé bailando
papa don't preach

fue la estaca para volver

moverse sobre el movimiento
como los versos de ginsberg
que me regaló una amiga
en Pringles
y de algún modo viajo
a este sitio
para esperarte

¿dónde se espera al padre?

en el libro
que me trabaja de noche
leí que al padre
se lo piensa mucho
pero apenas
se le dice nada
y cuenta un viaje por la ruta
y una vuelta
nada
dice
se le dice
y esta noche soñé
con un niño que viaja
a la casa para hablar
con los muertos
y no están

tiene un aire familiar
porque en sueños
me dijiste
la casa descansa en la quietud
desandando tu pasado y el mío

hoy
es un día como cualquier otro
salvo la noche
se puso áspera
y la mañana le dio forma
a la espera

ordenaste
vamos
arriba
hijo
en esta tierra levantarás la casa
de tus hijos de tus hijos de tus hijos
y serás infeliz
hasta que el sudor riegue el árbol
que tapará el sol
que te lastima los ojos

anoté:
un texto
donde todo es pasado
y sobre eso
una forma que intentamos conocer

el mito del origen es social
y le impone a los hechos
un orden inevitable
señalando que mirar para allá
es volver

escuchame

para serte sincero
tengo que hablar con vos

mejor no

quiero escribir de vos
o escribirte a vos
distantes los dos
como siempre
porque tal vez no superemos la mudez
cuando se busca
escribir
al padre

sin ir más lejos
cuando llegue la tarde
como un llamado ancestral
voy a destruir la casa
de tus antepasados
sacaré las piedras
también los yuyos
nivelaré el terreno
regaremos
y te daré forma

y después
sentados quietos
miraremos el entorno
para despedirnos del afuera

será de una quietud extrema
hermosamente quieta
como los cuadros de victorero
que aniquilan la materia

mientras adentro todos
trabajarán
en un concepto abierto
puertas francesas con una isla y una perspectiva
que acompañará el juego de los niños
nada de recodos todo a la vista y expuesto
-soñé despierto la estructura
después de ver
hermanos a la obra-

ahí quedarán los padres encerrados
para los hijos de sus hijos de sus hijos
que habitarán y hablarán de los nuevos viejos sacrificios
y rezarán por la lista heredada

cada vez que quiero escribirte
pienso en un texto de alejandro zambra:
un padre que recuerda
lo que fue de padre
y que le habla a un hijo pasado
en el presente
y le pide que olvide

-suelo pensar que el hijo
no está en la escena
por eso le habla
y que todo padre
tiene miedo de lo que puede llegar a ser un hijo
y que los padres tampoco
le pueden hablar al hijo
salvo en sueños
o en lecho de muerte-

hay un silencio claro
cuando se mira
hacia adentro
aún recuerdo
la noche cálida
fines de enero
tuve un pensamiento de amor:

vi un camino juntos
volvíamos a casa
un sábado
donde nada se veía
salvo la entrada fallida al cine
los tres
la familia
en la calle y sin embargo felices

te decía:

tuve una sensación de amor
esa noche
me cargabas en tus hombros
sin elegir el futuro
me llevabas
y me quise casar con vos
en un desajuste del tiempo
te vi
así
a oscuras
como si te cargara en mis hombros
muchos años después
dos piezas juntas
y aún así
separadas por el mundo
como esa chica inventada
que años después verás
entrar al baño
y encerrarse para tocar
su pelo artificial
y besar un espejo de hombre

ese soy yo
viejo

un reposo que nos faltará después
digamos que la paternidad se borra o se confirma
con uno o dos
excesos de incomprensión

también recuerdo un momento
como una catástrofe de ternura
en la casa de la infancia
siempre alquilada
siempre de paso
te vi una herida
solo una herida prolongada en el patio
que escribí:

mi viejo se pierde
y busca refugio
en la amplitud de la noche
se teje a otras vidas
en una culpa muda
que lo saca hacia adentro
hecho trizas
desperdigada la culpa en todos
sus hijos abandonados
y en los males de amor
que vuelven de otro tiempo
dante en el infierno del dolor
envuelto en un aire transitorio
porque inevitablemente
lastima todo retorno a la casa
desde la que fue mi casa
mi viejo en el semblante viajero
de las noches
llora

es un segundo
la bisagra que trae el rostro familiar
mi viejo de nuevo
se levanta y entra
sin las huellas del dolor
a su enojo vital

¿por dónde andan los padres?
¿en dónde esconden su boca
su lengua?
¿qué pasado no los hace descansar
y los trabaja en ese tiempo
que los señala
ya no hijos?

quiero saber si hoy
puedo hablarte
y decir
ya no te quiero
o te perdono
o las cosas se dejan
en el mismo lugar
porque tal vez tengamos
que renunciar
llegar al padre
que es un viento
siempre
de rodillas inclinados reverentes
casi mudos
siempre
buscando esa casa
para tener descanso
en las ruinas
de un espacio en miniatura
siempre

me gustaría también
duplicarte triplicarte el amor
para esa fábula del patio
y que te cambie el rumbo
y que no seas yo hoy
como cifra desgarrada de los destinos ligados

acá me tenés de nuevo
niño
un niño que no administra la sintaxis
ni la lengua
ni los tiempos
ni el enojo

no

no hay modo de encontrarme con vos

vuelvo a sobrevivir
niño
siempre apenas
a las manos
que me trabajan
las tuyas –digo- también las de tu padre
y de alguna manera
siento que estoy llegando
bajo la lluvia
a los caminos sedientos de agua
que son tuyos
como un canto macizo

cada vez que quiero
escribirte pienso
un texto que me pide olvidar
y en dyland
sobre todo
en dyland
cantando
may your hands always be busy
may your hands always be busy

Para conocer más sobre el autor:

Poesía, cine y actualidad.

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