Chicas traviesas Poesía

Chicas traviesas Poesía

Poesía travesti como evidencia expresiva de una generación

Chicas traviesas es una antología de poesía que compila, a través de Vir del Mar, poemas de siete poetas travestis, en torno a la pregunta de Claudia Rodriguez ¿De qué tenemos que hablar las travestis?. En el libro publicado por la editorial Ojo de Loca, que dirige Nico Colfer, la autora citada, en uno de los epígrafes. responde perfectamente a lo que, tal vez, pueda ser la intención del libro “(…)ese es mi activismo, hacer preguntas para que todas se sientan convocadas a responder”.

La compilación de Vir del Mar reúne, como dijimos, a siete poetas travestis. En orden de aparición, las autoras son Agustina Aramí Ayala, Alma Navarro, Eva Peña, Josu Miel Parra, Killa Orbe, Lola de Dolores Lamar y Szabine Vollenweider.

En el prólogo del libro, la compiladora hace referencia a algunos aspectos fundamentales que es necesario repasar. Menciona que Traviesas  era un código a través del cual las mujeres trans y travestis se metían en los clasificados del rubro 59 de los diarios impresos, en que los curiosos, así como los habitués, podían leer las ofertas sexuales.

Agrega que la palabra traviesas y la idea de codificación se fundan en que, hasta hace algunos años atrás, se criminalizaba la identidad travesti, así como también la sociedad que caratulaba la identidad travesti como enferma mental.

La compiladora también hace referencia a que, aunque con sus falencias, hay un paragua para la historia travesti con la sanción de la Ley de Identidad de Género. Sostiene que las autoras de este libro pertenecen a una generación surgida de esa ley, que conviven con la discriminación y la violencia, pero que pueden, a la vez, caminar con su DNI y luchar por el acceso al trabajo y la vivienda. Y reconoce que, en contraste, saben que hay travestis que todavía siguen siendo perseguidas, violentadas y asesinadas.

El libro Chicas traviesas es vertiginoso y plantea algunas posibilidades interesantes para reconstruir concepciones de belleza. Una belleza que se moviliza y no parece accesible. La rareza en términos de Bacon se hace presente como estimulación de lo sublime. Agustina Aramí Ayala, autora formoseña, expresa, a través de un “yo” poético monstruoso, en uno de los primeros poemas: 

Mi cara es una negociación
entre dos personas que no son yo. (…)
Mi cuerpo no tiene frontera visible, (…)
Pero también soy un canto a la vida, (…).

La contradicción es, tal vez, la marca fundacional del pensamiento crítico. La nebulosa que esconde todo enunciado cuando se somete a su propio misterio. En este caso, el “yo” poético se permite deambular en los resquicios de la incertidumbre, extrayendo de ahí lo que solo el ojo poético puede extraer. En algún punto, los poemas de Aramí Ayala, dialogan con lo que escribe, la poeta tucumana, Alma Navarro en el recorrido del libro: 

me nombré Alma
porque es lo único de mí
que podía pasar
entre los detectores de verdades (…)

En algún punto, el “yo” poético nos anuncia una fragmentación que se preserva y, sin embargo, es suficiente para construir un gesto de ruptura. La identidad se pone en disputa y se confiesa. La identidad no debería confesarse. Es un gesto de horror estetizado y quienes leemos recibimos ese gesto con la potencia de su fundación.

Siguiendo el camino original de la compilación, encontramos a Eva Peña, autora rionegrina. Su poesía conserva, en la diáspora de lo que dice, mucho más de lo que el texto expresa. Entre lo que falta y lo que no termina de reconocerse, construye un artefacto poético que, desde el cotidiano, juega con las elipsis a fin de mounstrificar el recuerdo:

En esta ciudad hay algo que falta
una flor con perfume, tu hogar después de la lluvia, (…)

Lo que falta, en tal caso, es lo que no se dice por completo. Ni siquiera la pérdida sucede por completo y se encuentra en la ambivalencia: “No sé cómo es tu voz, no la recuerdo”. En este caso, el poema nos invita a pensar, nuevamente, en la pregunta de Claudia Rodriguez y abre un lugar para el amor, la amistad. Lo que se lleva en el cuerpo es la marca de otro cuerpo “dos cuerpos no pueden ocupar el mismo lugar”, sentencia el “yo” poético de Eva Peña.

La poeta jujeña Josu Miel Parra, por su parte, continúa ampliando el abanico de preguntas al que invita a este libro. Y tal vez sea ¿De qué es capaz nuestra voz, un poema, de qué? No contesta esa pregunta, directamente, pero si leemos con atención los últimos versos de uno de sus poemas, probablemente, algo respondamos: 

Nos mataron a otra
y solo podremos repetir su nombre (…)
para dejar aunque sea
constancia primaveral
de que creciste, amiga:

Un nuevo pimpollo
en las fosas comunes
del patriarcado.

Asimismo Killa Orbe, poeta ecuatoriana, nos muestra, tal vez, la contracara del imaginario: una vida, por terrible, no deja de brillar. Ese podría ser el programa que retrata toda vida. Con punzante agudeza el “yo” poético alude a una percepción que va más allá de lo que las sociedades postindustriales esperan de determinados cuerpos:

(…) aunque parezca que te caés,
travesti,
estás posando.

La autora porteña, Lola de Dolores Lamar, a su vez, trabaja con concepciones del amor travesti. Sigue el recorrido, sigue poniendo preguntas donde, antes, había presupuestos. Una de esas preguntas podría ser ¿qué es el amor? Hay promesas significantes que se cierran rápidamente y significados cerrados que se abren para siempre. Esto último consigue el “yo” poético:

(…) a la luz del día mi amor desconoce mi tacto
no sabe cómo se siente mi piel
mientras el sol la recorre.

Szabine Vollenweider, continúa la gestualidad que la precede: una pregunta es necesaria para despertar a algunos cuerpos. El “yo” poético expresa:  me inventarán alguna vez / en un poema / viviré al fin, / viviré. De alguna manera, ese podría ser el artefacto estético del libro: un nombramiento que hace vivir. Por otra parte, despliega un fluir de la consciencia desgarrador que profundiza en aspectos fundacionales como la pura existencia. ¿Qué pasa con un cuerpo que existe?. El “yo” poético responde, o pregunta: 

No conozco el presente,
soy nostalgia pura de sucesos dispersos,
vestigios de un tiempo que se pliega en sí,
una arquitectura colosal que devora las noches,
árboles lejanos tragando la oscuridad. (…)

De alguna u otra manera, este libro construye un artefacto reivindicativo abierto. Como diría Juan José Saer: la poesía no es lenguaje sino naturaleza. El lenguaje es su opresión. Este libro funciona como un ejercicio de dislocación del lenguaje, no para romperlo ya que eso es imposible, pero sí para meterse por sus comisuras y modificar las conexiones del signo lingüístico. Mucho de lo que aquí se sostiene es evidencia expresiva de una generación que una y otra vez vuelve a hacerse preguntas, pero que también una y otra vez vuelve a verse sometida a preguntas de arribistas políticos, cuidados por las grandes corporaciones y los grupos de poder, que rompen constantemente los pactos democráticos.

Vir del Mar sostiene en el cierre del prólogo la necesidad de responder: Chicas traviesas es una respuesta tentativa a esas preguntas, los poemas de estas poetas –algunas de las muchas que habitamos este territorio– son una nueva travesura: la de tomar las palabras, seguir el camino hecho por nuestras antecesoras y hacer de los versos una forma de habitar la luz.

Acerca de esta publicación

Para conocer más sobre la editorial:

Para conocer más sobre Salvaje federal:

Poesía, cine y actualidad.

Compartir en:

POSTEOS RELACIONADOS