Poemas de Sebastián Alexis Roldán

Poemas de Sebastián Alexis Roldán
Sebastián Alexis Roldán

Poemas de Sebastián Alexis Roldán

Antes de compartir los poemas de Sebastián Alexis Roldán, debemos mencionar que nació en Rosario en el año 2006. Es estudiante de psicología en la Universidad de Rosario.

En sus poemas, se destaca el uso de un sujeto lírico que no se alcanza con la confesión o la anécdota, sino que, apoyándose en ellas, se permite la ficción a través de metáforas y un uso exquisito del lenguaje. Estamos ante la presencia de un “yo” lírico descomunal.

Entrevista rusa

¿Cuándo empieza tu relación con la escritura de poesía?

En el último año de secundaria, una profesora de Lengua leyó un escrito mío —una hoja ahogada en rimas— y, después de terminarlo, sonrió y dijo: “me salió poeta”. Durante mucho tiempo no le creí.

¿Qué significa estar en ese contacto?

Creo que depende mucho del encuentro que uno tenga con la poesía. En mi caso, empezó como una necesidad de transformar el caos en otra cosa.

¿Qué es la poesía para vos?

Hoy entiendo que escribir no es solo descargar una angustia. Muchas veces también es deformarla: agarrar una porción de una herida y, con ella, dibujar algo; esconder ciertas cosas detrás de imágenes porque decirlas de frente todavía cuesta.

En esa posibilidad de decir sin terminar de decir, de acercarme a ciertas escenas sin tener que nombrarlas por completo, encontré refugio.

Poemas

Expansión errante

En las fronteras de mi ángel caído un filo insiste,
me abre una hiancia que ninguna tela consigue vestir.

Desde allí un óleo negro
palpita, chorrea,
aprende a su propio ritmo
la suavidad perdida de mis bordes.

Qué vergüenza sentir sus pupilas:
reliquias del embrujo que se demoran
alrededor de mi nuca las siento respirar.

Una por una
me arrancan como pétalos de una margarita las líneas de mi rostro.

Ya no encuentro donde terminan
las costuras de mi piel,
me siento desvalido ante
la curiosidad de los astros.

Sigan, les ruego, continúen girando
nieguen la costumbre de los ojos,
ya he dejado el teatro,
no sirvo para darles un espectáculo
más bello que el telón.

Los planetas antes eran gigantes,
respiraban en lugares donde nunca estuve,
ahora se sienten como canicas de temperatura propia
que rozan mis dedos.

Rotan en su trayecto difuminado,
como si supieran algo,
me han otorgado el oficio de una estrella mayor
pero no cargo fulgor alguno,
solo el calor que genera mi cuerpo,
de tanto frenesí, no he parado de temblar,
supongo que asi se sienten
las erupciones del sol.

Fantamas del teatro

Fantasma del teatro
La máscara se me ha caído,
tras el impacto, el yeso se rompió
y ahora ya no hay nada.

Cometeré el mismo error
que cometo con la muerte:

nombrar algo
que todavía no comprendo.

Resulta raro
extrañar aquello que dolía.

Mi rostro siempre estuvo desfigurado,
pero importaba menos
cuando había algo cubriéndolo.

Sé que no era yo a quien veían,

sino un personaje condenado
a repetir las mismas escenas.

Aun así, en cada función había algo
que ordenaba el temblor de las manos,

respiraciones suaves
que me hacían sentir en casa
cuando la voz amenazaba con quebrarse.

Las miradas pesaban menos.

Mientras practicaba
cada letra del guion,

algo aprendía
la inclinación de mis hombros,

la demora que aparecía
al pronunciar palabras
que no eran mías.

Lentamente,

apoyaba una tibieza singular sobre mis gestos,
como una segunda costura
bordada bajo la piel.

Pétalo del lapacho

Danza,  pequeño pétalo,
déjate llevar por la brisa;

si negaras la caída,
tu partida envejecida
dejaría rastros marchitos.

Aferrarte a una triste rama
sería un gesto inútil,
como bajar el ancla
en un río sin fondo.

Si escucharas el canto quebrado
de una sirena,
su sonido volvería el cielo
una cúpula que arrastra
hacia el frenesí.

Todo cede
si la lluvia te tumba
y te vuelves esponja
de la humedad creciente,

cuando no queda otro camino
que beber la angustia.

Poco importa
si amanece
con su claridad cansada,
si la tormenta desciende
o si la noche se estira
para abarcarlo todo;

ni las nubes en procesión
ni el pulso del firmamento
te opacan:

es tu naturaleza rosa
quien perfora
el día y la sombra,
como si ningún cielo
pudiera callarte.

Porque en el punto mínimo,
donde nadie mira,

tu plenitud se derrama
fundando un calor
que intimida,
una tibieza curva.

entonces lo que vibra en todo,
lo que nadie reclama como propio,
se aproxima a tu gesto como si al fin
encontrara un nombre
que nunca tuvo.

La historia detrás del espejo sepultado continúa

Nuevamente
tocará limar
los bordes sobrantes,

deshacer la forma
antes de entrar
en tus ojos.

Porque algo en mí
continúa deformando los reflejos,

como si ninguna imagen
aceptara quedarse
quieta demasiado tiempo.

Sé que tu espejo
todavía conserva
una versión borrosa
de mi silueta,

temblando apenas
bajo el polvo.

Por eso
lo enterraste.

No podías
venderlo
ni mirarlo:

algo mío
seguía adherido
a tus pupilas,

empañando
la suavidad
del vidrio.

Dormiré
junto a las espinas
del rosedal,
dejando que el silencio
desate lentamente
sus hilos.

Para ver
si tu fantasma
por fin
muda la piel.

Que el dolor
duplicado en los sueños
pierda mi garganta.

Y al abrazarte,

mi voz
no vuelva
desde la tuya.

Para conocer más sobre el autor:

Poesía, cine y actualidad.

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