Poemas de Luis Benítez

Luis Benítez

Poemas de Luis Benítez

Breves comentarios biográficos

Antes de compartirles los poemas de Luis Benítez, haremos un recorrido por los aspectos más relevantes de su biografía. En primera instancia, mencionar que Benítez es una institución dentro del panorama poético argentino. No sólo por sus 45 libros publicados, sino también por su inmensa labor como crítico. Nuestro autor acompañó a decenas y decenas de poetas jóvenes y congéneres en la difusión y circulación de sus obras.

Sobre Benítez, además, debemos mencionar que nació en Buenos Aires, en el año 1956. Sus 45 libros de poesía, ensayo y narrativa han sido publicados en Argentina, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, México, Rumania, Suecia, Venezuela y Uruguay. Según la londinense Ars Notoria Magazine es considerado como una de las voces más destacadas de la poesía argentina contemporánea y referente del género a nivel latinoamericano.

Reconocimientos

Por otro lado, debemos destacar que su obra ha merecido distintos reconocimientos, nacionales e internacionales a lo largo de su trayectoria. Entre ellos destacan el Primer Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino”, Aguascalientes, México, 2007; el International Best Poets & Translators Prize, otorgado por The International Poetry Translation and Research Centre, The Journal of Rendition of International Poetry [Multilingual], y The Board of Directors of World Union of Poetry Magazines, Chongqing, República Popular China, 2024, y el American Poet of the Year Award, otorgado por United Nations World Silk Road Forum y Silk Road International Federation, Dubai, Emiratos Árabes Unidos, 2025.

Concepciones poéticas

En diálogo con Espías Rusos, Luis Benítez sostiene algunas consideraciones importantes en lo que a literatura respecta. En primera instancia, nos contó sobre lo que implica la poesía en su proceso vital: La poesía para mí es algo indispensable, como el mismo respirar. Es inherente a mí, yo sería otro sin ella.

Además, adentrándonos en su proceso de escritura, el autor expresó: Antes de su escritura, aparece en mí algo como una sensación única, a la que denomino “el fantasma”, puro fenómeno sensible, que no se manifiesta todavía como un conjunto de palabras. Posteriormente va tomando forma, advienen algunas palabras que lo expresan, generalmente el comienzo o el final de un posible poema, hasta que adquiere, ya pasándolo por escrito, una primera versión y lo llamo “el monstruo”. Trabajo sobre “el monstruo” hasta llegar a lo que estimo será su formato definitivo y final, el poema en sí.

Comienzos literarios

Los comienzos en la literatura, son siempre distintos y a veces increíbles. Es por eso que nos interesa saber cómo se acercó cada uno de los escritores que aquí publicamos. En este caso, nuestro autor expresó lo siguiente: Comencé a escribir primeramente unos pésimos cuentos de los que no conservé afortunadamente ninguno, a eso de los trece años, y tiempo después, traer leer las obras de poetas españoles de la Generación del 27, de los surrealistas franceses y de los clásicos estadounidenses, principié a borronear mis iniciales remedos de esas influencias, como a mis 15 años.

Y, finalmente, agregó: Recién en 1975, cuando leí los Collected Poems de Dylan Thomas, di con la clave que me permitiría inicial la búsqueda de una voz personal: ya tenía yo 19 años. Sigo buscando esa voz propia, tras acceder a nuevas y muy variadas influencias, siempre intentando combinaciones nuevas y más cercanas a cuánto y cómo quiero expresar en mis obras.

Con ustedes, los poemas de Luis Benítez

Uno siempre se enamora de janis joplin

uno siempre se enamora de janis joplin
vive buscándola y encontrándola
antes de que ella cumpla los 27
cualquiera sea la edad que tenga
de verdad sea cierto o mentira
y siempre hay pedacitos de ella
algo de llora nena está allí
del otro lado de la mesa
o murmurando para sí
sentada al borde de la cama
janis te contempla
y te preguntás a quién
estará buscando janis
y si dará con él algún día

uno siempre se enamora de janis joplin
porque siempre le estuvo destinado
como si con eso alcanzara

habida cuenta de todas
por las que vos y ella han pasado
por cómo ven ambos el mundo
descomponerse furiosamente
detrás de las ventanas
como si eso solo fuera suficiente

porque la tierra gira siempre en dirección a ustedes
una y otra vez aunque posiblemente
nunca jamás se encuentren
uno se enamora siempre de janis joplin

Etiqueta y ceremonial del olvido

lo primero que se olvida es la voz.
como una serie de grabaciones
que van gastando sus cintas
y que esa misteriosa entidad
borra definitivamente un día
por protegernos de nuestros propios gritos
o sin otra intención que obedecer
ciegamente a un protocolo
cuya necesidad ella misma desconoce.
luego se desvanecen unos tras otros
los momentos de alegría o desdicha
y también los que al vivirlos juntos
parecían un instante más de todo
lo nebuloso y cotidiano después lo invalorable.
intentar aferrarlos es aferrar el aire
el mar la arena el tiempo que huye
entre los dedos sin prisa seguro de sí mismo.
cuanto es para uno imperdonable
para él resulta su rutina.
después el mismo nombre
aparece y desaparece
como un niño que juega riendo
entre la arboleda de la mente
a estar y no estar cuando llamado.
las normas de etiqueta del olvido
le indican que el rostro sea lo último en irse
y él lo obliga a retirarse en silencio
a paso quedo advirtiéndole
que cierre con cuidado esa puerta.
que ya no debe volver
al salón donde quedamos
de pie sobre el vacío.

Oda a la cucaracha

Yo no tomo decisiones:
no me incumbe eso
de diseminar enfermedades
u horrorizar de asco,
cuando inocente aparezco
o soy sorprendida y perseguida
hasta el refugio seguro
que me dan los muebles,
el edredón, los cortinados.
Mi crimen es ser lo que soy,
tal como se condena a uno
por ser un asesino
y no el policía que lo atrapa.
Cuando no premedito,
soy maldecida.
Cuando no me ensaño,
soy convertida en el símbolo
de toda inmundicia,
injuriada siempre,
sin preguntarme si me gustaría
ser otra cosa que una cucaracha
que mueve sus antenas sobre una taza,
que camina distraída por una cuna,
que trepa un edificio de 40 pisos.
Mi motor es el hambre inextinguible,
con el que me eché a correr
hace 500 millones de años
y no detuve todavía mi carrera:
¿quiénes, entre estos que me asfixian
con vaporizadores, me mutilan
al arrancarme de papeles pegajosos,
me tienden trampas infernales
con alimento envenenado,
me entregan a la furia de las aves
cerrándome las puertas de sus casas,
estarán sobre el mundo
cuando los bisnietos de mis tataranietos
rebusquen su sustento entre las ruinas?
Salí de la selva y los desiertos
para no volver, tras las huellas
del pueblo, ese pueblo que yo elegí.

La maldad de lo inanimado

El dios escondido en el objeto
ya no responde. No se ilumina
la pantalla, no se encienden las luces
de la casa. Todo nos devuelve
a la cueva, la miseria del ánimo
cuando era el ocaso.
Es la intemperie del mundo
y el terror a lo desconocido
-aquel, el más sabido,
de todos el más temido-
que retornan sonriendo.
Nunca se han ido:
sólo esperaban el desperfecto,
la impericia, y que ningún ingeniero
(el chamán de las cosas)
hubiese a nuestro lado:
no funciona el teléfono.
Volvemos una y otra vez a intentarlo
sabiendo que es inútil y un rito desolado.
Somos el que reza
ante lo inanimado
pidiéndole perdón
por haberlo despertado.

Lo que para estar, no está

Poesía no eres tú,
no lo es nadie.
Lo que el verso
atrapa de lo inefable
apenas sombra es,
asomo, rasguño, aire.
No está aquí, sin duda,
ni lo estará cuando
estos trazos envejezcan,
porque el tiempo no agrega,
sólo quita lo que el presente
creyó que era inmutable.
No se puede decir poesía
porque es lo impronunciable:
su lengua balbucea, a veces,
en la sospecha de una frase
que, al volver, buscándola,
resulta inencontrable.
Última frontera, confín
de un mundo que no conoce
las palabras, pero que gusta
de montarse en ellas
y pasar al nuestro
por hacer fulgurar, sólo un instante,
su relámpago en la mano,
mientras su rayo lo descarga lejos
y de aquel trueno, en el papel,
burlón, apenas su silencio queda.

La recoleta

Aquí en la Calle de las Tunas
(que le dicen Callao) terminaba Buenos Aires.
Más allá, la pampa. Luego, la múltiple
Galería de sus nombres.
Rodríguez de la Peña recibió la parcela
Que le dio su rey y alzó la casona,
Hecha de buena fortuna y contrabando.
Aquí escondió tres días
A un infortunado inglés, Beresford,
En previsión de ciertos sucesos que después
Urgirían el auxilio de otra corona, como todas,
Codiciosa de los cuatro puntos cardinales.
Era cosa de quedarnos con La Aduana
Como fuera, aquel mediodía de mayo.
A unas cuadras, en Quintana,
Por más mentas la Calle Larga,
La cíclica inundación trajo un jaguar
Que saltó sobre el jinete
Buscando el cuello de su zaino.
Aquí La Mazorca acorraló unitarios
Y luego unitarios colgaron federales
De los árboles. Era barrio bravo de día
Y de noche se salía con trabuco, tercerolas
Y puñal, solo obligado. Y por las dudas.
En plaza Arenales -el Hueco de las Cabecitas-
Se ahorraba mucho sepultando esclavos
Hasta que de los terrones sueltos
Alzaban la calavera. Luego otros crímenes
Y miserias y grandezas y lástimas
Sin pensar en estos nos hicieron la patria.

Para conocer más sobre el autor:

Poesía, cine y actualidad.

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