Poemas de Gerardo Curiá

Foto de Rolando Revagliatti

Poemas de Gerardo Curiá

Breves comentarios sobre el autor

Antes de compartir algunos poemas de Gerardo Curiá, queremos hacer un breve repaso por algunos aspectos que nos parecen fundamentales. En primera instancia, debemos mencionar que nació en San Pedro (Buenos Aires) en el año 1968. Además, contarles que junto a la poeta Lidia Rocha, desde hace más de veinte años, sostienen el ciclo de poesía Literatura Viva, así como también el programa Moebius en la radio.

Por otro lado, nuestro autor rara vez habla de la gente del ambiente poético, pero todo el tiempo está hablando sobre la poesía que esa gente escribe. Un gesto pedagógico que, desde este medio, valoramos. Sus inicios en el mundo poético daban cuenta de esto, y de su empeño por hacer junto a otros, ya que Condujo los ciclos literarios: Las Vacas Sagradas, Maldita Ginebra, Contingente de Poesía y Canciones y Número Vivo, con el colectivo de literatura escénica Las Puntas del Clavo. Colaboró con el ciclo Interiores poetas del País, conducido por Inés Manzano.

Publicó varios libros, entre los que destacan: Sol, iris, sueño (poesía), 1990; Crónicas de San Acustio (relatos), 2002; Quebrado Azul (poesía), 2004; Serie los suicidas (poesía), Buenos Aires, 2005; Caldén (poesía), 2008, reeditado en 2015 por La Mariposa y la Iguana; Música del Límite (poesía), 2010, distinguido en el Concurso Nacional Macedonio Fernández; El damero de los sueños (poesía), La Mariposa y la Iguana, 2016.

Acerca de la obra y el recorrido de Gerardo Curiá

Gerardo Curiá es un poeta, fundamentalmente un poeta. Un poeta fundamental, podríamos decir también. Su obra es consistente y sin tachaduras. Cada poema de este autor refleja una comunión con el lenguaje que esconde una concepción del arte como búsqueda de una belleza extrañada que surge, únicamente, a partir del movimiento de las formas. Una poesía exploratoria que tensa la semántica y, en la mayoría de los casos, la sintaxis.

No creemos que los límites del lenguaje se puedan romper, pero sí creemos en el avance de las formas. En ese hundimiento, la estética encuentra su cuerpo, su humanidad. Así sucede en la obra de Curiá. A su vez, debemos mencionar también la versatilidad del poeta ya que no sólo trabaja con libros que apelan a una sensibilidad complejamente humana, sino que también ha explorado una poética de lo histórico. Tal vez, sea, incluso, la parte más extensa de su trabajo como poeta. Si la narrativa permite pasar de nuevo por la historia, la poesía permite conocerla. Tal vez más. Tal vez mejor.

Carlos Juárez Aldazábal plantea acerca de su libro Música del límite:

Paisaje cincelado huella a huella, hasta lograr una poesía que lleva la percepción al límite de América. La poesía de Gerardo David Curiá continúa así el sendero resplandeciente que inició su Quebrado azul, un camino en el que la lírica del paisaje no está reñida con la emoción y el acierto. Payada que suena plañidera en los barrancos de San pedro, ahí donde la llanura se junta con el río, para despeñarse en hermosura.

Sobre su libro “Zorro Cazador de Pumas“, en una nota que publicara la Agencia Paco Urondo y que comparten, en autoría, Alejandro Méndez Casariego y Eduardo Mileo, se expresa:

El trabajo de Gerardo Curiá no está hecho desde una mirada externa, ajena, pero mucho menos aún desde la impostación; por el contrario, logra aquello que tal vez sea su mayor mérito: la perspectiva de una genuina mirada interior, la captura de una voz absolutamente original, propia por apropiación legítima, asimilada como resultado natural de una fuerte convicción. Un trabajo en el cual podemos intuir una muy profunda, meticulosa y comprometida investigación, de la cual -si tenemos en cuenta su anterior incursión sobre esta temática en su libro Caldén– sabemos que no es reciente, que arrastra un rico sedimento y se nutre en una temática que lo apasiona y ocupa desde hace varios años.

Podemos hablar de nuestro autor y preguntarnos ¿De qué es capaz? Y la respuesta tendría muchas variantes, muchas posibilidades. Ese sea el mérito del arte. Volverse inclasificable, inmedible. La obra de Gerardo Curiá despierta en nosotros un afecto incomprensible pero nítido. Es por eso que, compartiremos poemas del libro El damero de los sueños que, a nuestro modo de ver, es una gran vía para ingresar a la obra de este autor.

Poemas de “El damero de los sueños”

22 de junio

a Ramón Fanelli

Las nueve y media,
Rivadavia al 4200,
baldosas percudidas,
y un sol perfectamente luminoso. ↗

El viento se aquieta para pesar sobre el espacio
en el punto exacto donde se da el quiebre
entre las baldosas
y el cordón.
Y es en ese instante
cuando nace un retoño de pasto,
casi blanco de frío.

Tiembla,
pleno de riesgos crece
en la humedad de lo quebrado,
muy cerca de un bollo de papel
a un costado de la esquina.

Frágil, el pasto
dibuja una sombra sobre las arrugas del papel
pero el peso del aire lo curva hacia el piso.

La mañana transcurre en la plenitud de los sentidos,
después de todo, alguien limpiará el papel
de ese costado de la esquina.

16 de Junio. Plaza Almagro

Un hombre duerme sobre el estómago de la noche.
El rocío es filoso
y las sombras pasan por debajo de los árboles.

El cuerpo se aplasta encima del colchón.
Muy cerca, un perro negro está quieto.

Grises, el asfalto y el aire.
El silencio es un bullicio rumiante.

La boca del hombre se abre entre la barba sucia
y respira.

El iris, bajo los párpados,
se mueve.
El hombre está soñando.

El espacio y el puño

La mano se cierra en una fuerza
y el brazo
es una línea vertical entre el piso y la altura.

Sostiene una bolsa de plástico.

Por debajo o por encima,
la distancia relativa del cartel de venta,
4936-5861
dos ambientes a la calle,
ventanas pequeñas, sin balcón.

La cifra matemática de los pasos o las horas.
La forma geométrica de la distancia.
El contenido exacto de la bolsa:
kilo de carne con paquete de galletitas
y caja de té.

Dobla la esquina en el instante del sonido
un celular de hombre que camina rápido
y queda la sombra por lo que duran cinco instantes.

Las cosas perduran por siempre
y se pierden.

Agua de soledad

Dos soledades

Dos soledades
que se aman
y han vivido siempre
en esa casa de paredes celestes
comprenden cada gesto del silencio
y esperan que acabe la tarde,
que se enciendan las luces de la calle,
para cocinar una comida simple
con la que terminar el día.

Los pájaros de la noche

Los pájaros de la noche
son sombras
de las sombras del cielo
que atraviesan el río
en la distancia
y cortan la luna
como líneas de oscuro
que buscan el fin
en su horizonte de penumbras
sobre los vientos de silencio
que pueblan el invierno.

Sobre el animal

El gato ha caído
en la trampa del hombre.
Atravesado por un hilo de metal
que le corta las entrañas,
se despide de sus amos
en el patio de baldosas rojas
y se va
para buscar su muerte
en el baldío.
Sabe el animal
que morir es un acto solitario.

Estado de gracia

Justo antes o justo después,
el intenso sonido de la sombra
y la epidermis de las cosas se revela
oscilación de una hendidura que presagia el accidente
y lo real
llega
a su estado de gracia.

Una mujer secretamente hermosa

Nieve del estío

Una mujer ha terminado de bañarse.
Parada en el centro del vapor
se acaricia
suavemente la espalda
con una toalla blanca
y una gota de agua tibia
cae
de sus cabellos.

Una mujer
secretamente hermosa
se peina el amor
como una novia.

La vida late
debajo de la nieve.

Hilar la intemperie

La piel de la belleza

En el luto del lenguaje
crujen objetos olvidados.

Una trinitaria
florecida
junto a una hamaca
y la humedad verdosa
de los ladrillos
de un tapial.

Lo que no se cansa de nacer
mancha de abismos
la piel de la belleza.


Las cuerdas de lo efímero

Hueso del rocío
garganta que tensa
las cuerdas de lo efímero.

Para conocer más sobre el autor:

Poesía, cine y actualidad.

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