
Las marcas: libro de Gabriela Carpineti
Antes de compartir los poemas del libro Las Marcas de Gabriela Carpineti, publicado por la editorial El olmo y las peras, debemos mencionar que será presentado el domingo 1ro de noviembre a las 19:00 H. en La factoría (Fragata Srmiento y A. Figueroa). Se presentará junto al libro La política de la felicidad de Nayla Siancha.
Breves comentarios biográficos
Algunos aspectos fundamentales de la biografía de Gabriela Carpineti: Según se sabe, nació en el otoño porteño de 1985. Se recibió de abogada en la UBA para llevar causas. Según la propia autora expresa, creyó en la palabra justicia y se obsesionó con la verdad de los hechos. Las Marcas , su primer libro de poesía, es una forma de expresar el dolor político. Y también una forma de alumbrar el final de un viaje que guarda una memoria de la infancia errante que trae la brisa del mar.
Aquellos recuerdos que se amontonan para sobrevivir entre los escombros de lo que a veces prefieren olvidar, para seguir. Estos poemas son también la esperanza para resguardar a los hijos del país que siente.
Entrevista rusa
¿Por qué empezaste a escribir?
Empecé a escribir porque no me animaba a hablarlas algunas cosas. Y porque al escribir puedo dibujar, algo que con la mano siempre me salió muy mal. Escribí primero porque lo pedía mi boca, después más por necesidad de descarga mental.
¿Y cómo es ese proceso ahora?
Creo que puedo vincular la escritura a un deseo de crecimiento autoexpresivo. Está vinculado a una intimidad de mi escritura, que quiere desde ahí encontrarse con otros. Son pedazos de mí que se encuentran en otros, que van y vienen. No escribo con más intención que hacer de la intimidad compartida una conversación con semejantes y diferentes.
¿Por dónde empieza esa búsqueda?
A veces fue la “política”, casi siempre es la familia, las sombras que te persiguen, o anécdotas de días que merecen lírica y prosa y los traes acá. Me importa la metáfora, más que cualquier otra cosa. Porque eso me enseñó a expresarme y perder vergüenzas.
¿De qué manera vinculás lo político y lo poético?
Hay un célebre poema de Joaquín Gianuzzi, “ Cumpleaños” que creo que en parte ofrece una respuesta a este dilema. En un verso dice: “puedo entender que tú y todos los muertos han perdido y que vivir es el único prestigio que cubre la tierra”. La poética y la política creo que comparten ese surco: darnos un sentido frente a lo inexorable. Son dadoras de esa sangre. Y qué pasa cuando no? Las sentimos aún más, entramos en cierta abstinencia: nos deprimimos, pero también nos escribimos. Nos volvemos a emocionar con suerte. Las seguimos buscando aún en el rechazo. Tenemos que seguir respirando, porque vivir, hacer política- en sus distintos modos, y sobre todo la vincular, la de cercanía-intentar escribir, es ante todo un acto de arrojo.
¿Qué formas te acompañan? (Si bien hay un campo semántico construido en relación con lo político, la poesía no reemplaza su orden estético -eso es una conquista-)
Un pequeño triunfo frente a la derrota definitiva que sufren los muertos y el peso de ellos en nosotros. Y ahí no hay épica grandilocuente, simplemente la vida como materia de fragilidad, desilusión y también de fe, de seguir prendidos a que nos sigan pasando cosas, a que sigamos sintiendo el privilegio de existir. A mí la forma que más me acompaña es la de la observación de los vínculos interpersonales que se dan en los distintos campos: el político y el poético que es la vida cotidiana misma, la que emprendemos.
Tengo un mantra: banco la violencia política- colectiva -pero detesto la violencia interpersonal en el campo político y toda su estética en general, narcisista. Y tengo una falla de origen: me cuesta separar algunas obras magníficas de autores nefastos. Ya voy a mejorar en la separación de los campos, y de residuos, sobre todo los propios. Por eso por temporadas me cuesta tanto el hábitat netamente político. Pero seguiremos teniendo la poesía. Y después la política otra vez.
Los poemas
Derrota
Me prepare toda la derrota
para cambiar la vida
Sin saber jugar
solo trabajar para el acumule
llorar sin remedio
hasta partir
a la pulpería sin dueño
al loteo sin llave
la danza del sauce
al ritmo del pajonal
Me fui a cantar mi serenata
mis boleros tiernos, simples
de toda fanfarria, audaces
Me preparé el quiebre perfecto
para mutar de servicio
a ver: acá no hay carrera
solo un punto de intriga
de repliegue
donde busco quedarme
por un rato más.
Silbido de carnaval
La choza de al lado
guarda un secreto.
Que el expediente sabe.
Que el comisario oculta.
Que el abogado progresista
nunca va a confesar.
La choza de al lado vio a la niña desvanecida
ahogarse en semen
pidiendo por su madre
silbando las canciones del jardín.
Toma simpatía, escupe el asco, sin vergüenza, burlona
Un día se hace madre y entrega los hijos de sus hijos
Los sepulta, luego abraza
Solo al final elije el pozo donde irán a sufrir
se vuelve abuela maldita, sin misericordia vende un plato típico
evita las caricias
que siempre de pequeña reclamó.
La choza de al lado ahora
es un Museo de la Mujer que inauguró
ese ministro.
Un tobogán acecha vacío mascullando
entre las piedras hasta
que alguien pequeño
lo vuelva a trepar.
Honores
A los caídos
En la simpleza de la selva
en la terraza de sus copas
una madre mirará
lo que sus pares de bandera nunca apreciaron
En la aciaga noche y tropical el beso del hijo
en la mejilla corriente, fijará para siempre ese sudor.
Los soldaditos de todos los tiempos nunca
llegaron a dejar a los labios como témpanos
en los cuellos melancólicos de las que aguardan
ya sin temor como señeras
insignias solitarias en el regreso
de retoños a la isla.
Piedrasanta
Y lo dice ella, que pertenece a esa misma familia
de ascos y fervores, a ese rencor absurdo
pero místico, de diablos parecidos,
cuando termina la calle
el crespúsculo se abre.
telarañas sobrevinientes, eso somos
vicios ocultos, redimidos en la convicción de la orfandad
Mañana algo debe
por tradicion
ser hereje esta vez
Aquellas creencias, que pisan mi talón
impulsan al sendero de los rezos
que todavía
no se animaron a mis llagas
como esa marca que llevo
aguijón esculpido
bajo mi hondura
Solo quedan estos versos
en su pequeña libreta de señorita de estación
seculares
como el siglo que se va.
Las marcas
Todo lo arrasado quedó incrustado en mis uñas
de la última inundación
bichos que muerden,
lobas que sufren
tan inocentes
ladran
yiran en corto, circular.
Se añejan oliendo el molino,
beben la sed de sus uvas
con la boca que amamanta poco a poco la leche,
corre despechada, llega arriba, torcida,
renga de toda versión mejor de sí misma,
retoma el andar cansino
lento el deshojar sangriento
cruje una joven María.
Una anciana mínima
le pide jugar a perder el tiempo,
la que gana, empieza de nuevo.
Se aferra a la piedra, la que cura,
invierte con sorbos de pincel,
la alimenta de espinas
la viste de seda,
la peina y la pone a bailar
una por cada heredera, por cada pasión.
Para conocer más sobre la autora:
Nació en la Ciudad de Buenos Aires en 1985. Se recibió de abogada en la Universidad de Buenos Aires. Publicó, recientemente, Las Marcas, a través de la Editorial Elolmo y las peras.


