Poemas de Lidia Rocha

Lidia Rocha

Poemas de Lidia Rocha

Sobre la autora

Antes de compartirles los poemas de Lidia Rocha, debemos mencionar que nació en Trenque Lauquen, Provincia de Buenos Aires (aunque no encontramos datos relativos a su fecha de nacimiento). Publicó varios títulos de poesía, entre los que podemos nombrar “Aves migratorias”, “Roma”, “Así la vida de nuestra primavera”, “Soltar la casa” y “Hechicerías”, éste último en el año 2024.

Deberemos mencionar, también, que sostiene un recorrido extenso en el panorama literario de la Capital Federal no sólo como autora. Desde hace más de veinte años sostiene, junto a Gerardo Curiá, dos espacios fundamentales para la difusión poética. En primer lugar, mencionaremos el ciclo de poesía que se hace religiosamente los segundos sábados de cada mes y que, en verano, tiene como invitado organizador a Alejandro Méndez Casariego y, por otro lado, el programa radial Moebius.

Además, contarles que Rocha es una autora que ha conquistado nuestros corazones. No sólo por el afecto que nos une, sino por la admiración que tenemos sobre cada cosa que hace. Es que su creatividad pareciera no tener límites, y su vitalidad nos regocija en cada encuentro.

Algunos comentarios sobre su obra

Susana Szwarc, en una reseña para la Agencia Paco Urondo, sostiene algo que define, maravillosa y genuinamente, a nuestra autora. Se refiere a la escritura de ella con las siguientes palabras (y nosotros damos fe, de cada palabra):

En el vaivén del poema, en lo que Lidia Rocha nos da para nuestro mecernos de lectores, en la tristeza que se nombra, hay también espacio para la risa, para la ironía, para recordarnos (becketianamente) que “llorabas de quince a diecisiete /y en los días impares”. “Hubo una vez” comienza el libro, Lidia Rocha que pregunta “¿Quién soy?”, como si el ser fuera a ser algo más que un lujo. Y preguntar-se y preguntarnos: “¿Cuántas vidas habrá dentro de una vida?”

Sobre el libro Hechicerías, en entrevista con la Agencia Paco Urondo, la autora expresa: La voz de la protagonista tomó vida propia por sí misma. La ferocidad de esa voz es fascinante. El libro festeja un pacto masoquista entre una dominatrix y su “esclavo”, con un erotismo rabioso que, en gran parte y en contraste, es fruto de la pandemia y del deterioro de la vida de mis padres ancianos.

Cabe destacar que, el libro Hechicerías, sostiene un gran trabajo con el erotismo. No como lo tenemos referenciado actualmente, sino con una búsqueda que va más allá de las barreras generacionales. Les compartimos algunos poemas de ese libro:

Los poemas de Lidia Rocha

I Encantamiento

1

Que no me falten las ganas ni la fuerza
para cortar tus pies.

Que ate el manto de la noche
con un nudo de sombras.
Y te quedes adentro.

Que festeje la esclavitud de tus labios.
Que celebre el silencio de tu voz.

Así como tiembles no volverás a hacerlo.

Las manos en las manos.
Mi pecho sobre el tuyo.
Y la fusión fantasma para comer tu espíritu.

Quizás adviertas
que un goce semejante no lo has sentido nunca.

Cuando me haya hecho humo de madrugada,
recordarás apenas,
como los peces ciegos
entre los arrecifes.

Yo escribiré la historia.
Serás Nadie.

2

Claro que no me conociste en un día de sol.
Por supuesto que estabas distraído.
Obviamente no viste la mirada cazadora.

Cada frase del libro era un anzuelo
y vos te lo tragabas.

Yo, mientras tanto,
miraba a través de tus órganos
el polvo de tus huesos.

Le pasaba la lengua.

Dijiste "Ella no habla".
Y no.

Está mordiendo lo que va a destellar.
Está masticando lo que va a crecer.

A esto te lo hice con la sonrisa viva.

6

Cuántos años caminaste esta tierra
sin saber qué eras,
de dónde viene el tedio,
de qué tan lejos un domingo a las seis de la tarde.

Te habías alistado en la vida de todos.

Eso fue antes de que pisaras la trampera.

Donde hubo un cielo sin sentido,
el mismo sol quemándose,
la misma luna tornadiza,
ahora hay un par de ojos
que miran a través de tu carne.
Una boca que habla y dice lo que ve.

Hay signos desperdigados en tus células
que todavía permanecen ilegibles,
por eso los quemo con un clavo.

No habrá alivio.
Ni en la hoguera, ni en la lluvia.

No me sigas.
Tengo el paso ligero.
Los siervos que me escoltan van borrando mis huellas.
Cuando los suelto, son cáscara vacía.

II – POSESIÓN 

8

Un corte transparente te ha dejado descalzo.
El dolor que te arrasa
no podrás devolvérmelo.

Camino sobre el agua,
mancho mi pelo con el verdín de los marjales.
Tu vida no me guarda secretos.
Baila involuntariamente.
Siento cuando suben las ganas.
Sé cuándo te levantas para venir a verme.

No deberías hacerlo.
Te convendría regresar;
emprender un escape.
¿Por qué esa insistencia
en repetir los gestos que te pierden?

No sé siquiera si voy a abrir la puerta.

13

¿Qué artista de altura aceptaría una red?
Nuestro juego es sin resguardo.

No me mires con esos ojos quietos y azules,
vos sabés que el deseo
librado a sus ensueños
sólo acaba en el crimen.

Te dejo ondular en el lago de la buenaventura.
A nuestro alrededor flotan flores anestesiadas.

Sellaste tu esclavitud por un veneno.
Tu única libertad
es la puerta de embarque.

III – RETORNO

24

No te creía capaz de transitar conmigo
por un camino de bosques incendiados.

Yo no me di a beber,
igual tus dientes se tiñen de luces azules.
Yo no me di a comer,
igual cocinaste mi carne.

Antropofagia es el camino de las mutaciones.
La herida mana por cada uno de sus poros.
La fusión hipnótica es un ritual de brujería.

No vamos a cicatrizar.
Esta metamorfosis nos va a dejar ajenos.

27

Volabas de fiebre,
así que no es posible que sepas
si es verdad que me acerqué,
si ese peso suave en tu frente era mi mano,
si puse mi cabeza en tu pecho
y canté en un idioma que no pudiste descifrar,
si había un dejo de emoción en la voz,
si puse en tu lengua una bebida fuerte y mentolada,
si te abracé.

Al otro día no había huellas.

Estabas solo sobre la hamaca
y el sol te lastimaba los ojos.

IV – SENTENCIA 

28

Cerré la puerta
Dije hasta acá llegaste.
¿Adónde ibas a ir?

Hiciste una granja lejos de todo.
La llamaste nodriza.

Pusiste frutales, un corral, flores.
Un cerco de púas y una señal de alerta.
Llegaron insectos, roedores, pájaros, murciélagos.
Alguien perdido.

Te he devuelto a los hábitos salvajes.
A la carne de las frutas
y a la comida muerta por tus manos.

Puedo invadirte, incluso desde lejos.
Sos vos quien lo permite.
Sos vos el que me llama.

30

La escena es la de una pesadilla.
¿Estás ahí?
Cada cosa se va plegando sobre sí misma
hasta que sólo hay lo oscuro en una habitación sorda.

Un aullido distante titila como un hechizo.
Mi presencia arrojada
como una tormenta solar.

Para conocer más sobre la autora :

Para conocer otro libro de Lidia Rocha: poemas de Soltar la casa, en su voz.


Poesía, cine y actualidad.

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