
Poemas de Alejandro Méndez Casariego
Breves comentarios biográficos
Antes de compartir los poemas de Alejandro Méndez Casariego, debemos hacer algunas menciones a su extenso recorrido literario y biográfico. En primera instancia, mencionar que el autor nació en CABA en 1956, pero que vivió muchos años en Mendoza, lugar en el que estudió el Profesorado de Historia. Se radicó, posteriormente, en Buenos Aires. Quienes lo conocen, reconocen en él un espíritu de profundo amor por la poesía y por las formas colectivas en las que nos encontramos con ella.
Desde hace varios años sostiene, junto a Lidia Rocha y Gerardo Curiá, el ciclo Poesía de Verano, una idea que comenzó hace varios años debido a la falta de actividades poéticas en esos meses en los que todos se van de vacaciones o se toman un descanso.
Se encontró con la poesía a fines de los ’90. Codirigió el ciclo de poesía “El Orate y la Musa”, junto a Gerardo Lewin y José Emilio Tallarico durante más de una década. Publicó los libros de poesía El elefante de cartón, Los réprobos (Editorial Patagonia, 2007), Los dioses de hogar, Pieles Rojas, La mujer del samurai , Un lugar entre los ojos y su último libro “Punto de fuga”.
Algunas reflexiones del autor
En una entrevista para el medio Escritores.org, realizada por Rolando Revagliatti, nuestro autor menciona, con respecto a sus inicios creativos, que: lo primero destacable fue un poema que escribí a los siete años, y del cual creo que aún conservo una copia que mi madre pasó a máquina en aquella época. Se llamaba “La tristeza de los nidos”. Trataba de describir el sufrimiento de una madre pájaro al encontrar destruido el nido en el que había dejado a sus pichones.
Desde Espías Rusos le hicimos algunas preguntas:
¿Qué es la poesía para vos?
En primer lugar decirte que me parece muy bien formulada la pregunta, porque si me hubieras preguntado qué es la poesía en general me hubieras puesto en un aprieto, porque no creo que haya definiciones válidas para la poesía; o mejor dicho, creo que todas son válidas, en algún punto. Se han intentado todo tipo de opiniones al respecto, y cada uno arrima algún aspecto, algún punto de fuga, un objetivo y hasta una función para la poesía. Yo no intentaría jamás definir o encasillar a la poesía, darle un status teórico, pretender que encaje en algún tipo de modelo preestablecido. De hecho, algunas definiciones, algunas muy logradas poéticamente, me parecen bastante absurdas o vacías de contenido. Después hablaremos de ellas.
Alejandro Méndez Casariego
Pero al preguntarme qué es para mi me ponés las cosas más fáciles, porque a eso lo tengo más elaborado. Lo primero que te diría al respecto es que para mí la poesía es un camino, una senda por la que voy, recogiendo lo que para mi es valioso y significativo de la vida: en la captura de hechos, percepciones, sentimientos e ideas que ese camino me presenta está la esencia de lo que me apasiona de la poesía. Es como ir guardando cosas de valor en un morral y tenerlas a disposición en los distintos momentos de la marcha; para seguir, para recuperar, para recordar – o mejor dicho, para no olvidar-, para compartir, para convencer, para conmover. La captura, la condensación de esas vivencias en esta especie reservorios que son los poemas me resuelve a medias esa eterna obsesión de expandir la vida, de hacerla más rica y más intensa. Ojo, no creo que sea privativo de la poesía: creo que en todas las artes y oficios uno intenta eso, de alguna manera. No somos, en eso, demasiado distintos de un arquitecto, un carpintero, un herrero.
¿Volvés a tu poesía? Digo, porque es una lógica que invita al repaso.
Yo vuelvo mucho a mis poemas. Para decirlo más claramente: me releo mucho. Porque algo dejé en esos poemas que en algunos momentos de mi vida necesito recuperar. Si el poema está bien logrado, aquella percepción estará allí, intacta. Para que esto sea posible, es necesario tener siempre presente lo que para mi es una condición que me parece esencial para la nuestro oficio: la honestidad. No niego al lector, pero estoy convencido que sólo diciendo en nuestros poemas lo que está en nosotros y necesita expresarse, vamos a dar algo realmente bueno a los lectores. Quero decir que no me interesa la poesía efectista, excesivamente intencional, la poesía escrita para impresionar a quienes nos leen, el alarde, la arrogancia. Tengo un poema que se llamas preguntas que ilustra bastante este tema.
*El poema se titula “Preguntas”. Y está en la selección poética.
Hace unos días, en el ciclo que hacés junto a tus amigos Lidia Rocha y Gerardo Curiá, citaste un texto de Szpunberg y planteaste, de alguna manera, cierta necesidad de volver al “estado de asamblea permanente” que el autor convida en el libro La academia de Piatock. En ese sentido las preguntas: ¿Cómo ves el panorama poético actual?
La asamblea permanente es un descubrimiento reciente, para mí. Me quedé con la inquietud de lo feo que es decir que los poetas no podemos cambiar el mundo. No te voy a hablar del estado de poesía actual. No veo entidad en eso. Salvo en un aspecto: la poca gente que lee poesía. El hecho de que se terminó la época de las “vacas sagradas” contribuye a la proliferación de muchos poetas, y yo creo que se destacan muchas poetas mujeres, actualmente.
Alejandro Méndez Casariego
Lo que me resulta preocupante es el tema de que poca gente lea poesía. A la gente sigue sin interesarle. Y yo creo que eso tiene que ver, de alguna u otra manera, con la Asamblea permanente. Con sacar la poesía afuera. Lo hemos intentado. Por más que se la leas, que leas en el subte, en la calle, hay algo de no poder convocar.
¿Y qué alternativas hay en relación con ese fenómeno?
A mí el proyecto Poesía en la escuela, coordinado por Alejandra Correa y Marisa Negri, me parece una gran posibilidad. Siento que ahí, verdaderamente, se inocula el germen de la poesía. Ahí si estás metiendo el gusto por la poesía. Al menos metiéndolos en discusión. Me interesa mucho que los chicos tengan gusto por leer poesía. Más incluso que por escribir poesía.
No sé si esto tiene que ver con la asamblea permanente y con cómo transforma el mundo, pero sí que abre la posibilidad para que llegue a más personas.
Retomemos la idea de asamblea. ¿A qué te referías, concretamente, cuando lo mencionaste frente a tantos amigos poetas?
Refiere Szpunberg a la idea de que los temas tienen que estar en discusión en la calles. Y el poeta debe ser parte del debate. La voz del poeta tiene que ser parte de ese coro de voces. El decir del poeta, que “sabe decir mejor”, importa en todos los debates. El problema fundamental no es que esté Milei, es que se lo vote. Ahí nuestro rol con la palabra.
Poemas Alejandro Méndez Casariego
Les compartimos algunos poemas que nuestro autor leyó en el Ciclo Espías en la Casona, ya hace unos meses:
Está en la voz
Está en la voz de la poesía
-decía el viejo maestro,
cansado, y ya apenas audible-
está en la voz de la poesía
la raíz y el secreto;
no hay que buscarla, sino seguir su canto
como lo hace la monja
con las largas letanías gregorianas
a partir de una melodía indescifrable,
la machi, cuando repite su ruego centenario
o el andante, que no quiere llegar
sino llenarse de caminos
y se canta a sí mismo para no quedar solo.
Está en la voz de la poesía,
no en las palabras
sino en el minucioso tejido de las notas,
en los tonos discretos, escondidos,
en la intención de ese canto que nunca
aprenderemos a decir.
Ese dolor extraño de los que aman
y transitan el miedo de la pérdida probable
de la ausencia inminente;
el enhebrado contra natura de los brazos
tratando de encajar
en el abismo del otro, como si fuera cosa de humanos
arriar la vida en direcciones paralelas
enredar los propósitos, las horas y el aliento.
Se los ve intentar, golpear contra el deseo
a destiempo,
rasgar los huesos de la incomodidad,
la indiferencia, la disforia,
las numerosas formas del desencuentro.
Siempre entusiastas y dispuestos
a seguir
y pagar, anhelantes, el insensato precio.
No me escribas cartas demasiado largas
en estos días
apenas puedo leer las entrelíneas
pero te pido que incluyas
si se puede,
las frases de las que seguramente
te arrepentís
o escribiste en el margen
mandame, en todo caso,
la primera versión
si la salvaste del fuego
en la que me contabas
que han crecido los brotes
que el agua finalmente
se abrió paso
y empapó la tierra
que hemos vuelto a la calle
frágiles y triunfales
y sobre las ruinas de la casa destruida
construimos una nueva
a lo demás,
al detalle mezquino
a la enumeración de lo que no pudimos
lo tengo guardado
en un orden perfecto: el del olvido
Ahora puedo
volver a poner en su lugar
las piezas rotas.
Conservo algunos de esos artefactos,
pero ya no funcionan;
no quisiera, sin embargo,
que se pierdan las partes.
Me aferro a sus brazos,
que todavía se mueven
pero ya no pueden con las cosas.
Con delicadeza,
los pondría en su sitio,
donde el olor que tuvieron los espera,
al dispersarse
como el humo de aserrín de pino
que fueron derramando.
La estructura resiste. Ese muñeco articulado
aún intenta
unos pasos de marcha sobre la repisa,
pero cae y me mira,
con los ojos vacíos en la madera calva:
me pide su pasado.
Yo quisiera asegurarle que,
sin su brazo, sin ojos ni latidos,
guardado con cuidado en el cajón, su vida
será un poco más larga que la mía.
Lázaro
Escuchaba sus voces, percibía
brillos en la enramada
como si fueran los ojos de una bestia.
Los cimientos de la casa
parecían moverse con su aliento.
Quedé en silencio y observé
a mis hermanas dormidas
en un hueco de sombra.
Después de aquello
ya no quedó memoria
apenas un dibujo
incomprensible bajo el sol,
las alas de un cuervo
sin resuello, la repentina
huida de un gusano.
Cuando llegó aquel sobresalto,
un polvo de óxido floreció de las piedras.
Me moví, por fin, enajenado, vivo
en la vida de otro.
El caído
Ese hombre cayó poco antes del final.
No estuvo en el recuento de bajas,
no lo designaron para el acopio de armas,
ni tuvo que preguntarse
por el destino de los mutilados,
los prisioneros y aquellos
que habían perdido la fe en cualquier bandera
y se paseaban, extraviados,
por el campo de batalla
con el alma en los brazos como un hijo muerto.
Pero en su sueño tardío,
tal vez se sienta victorioso
y este campo arrasado se le aparezca limpio
e imagine para él una palabra generosa
una mención
o el recuerdo amoroso
en el relato de sus camaradas.
Preguntas
¿Hemos retirado frases, para no lastimar o lastimarnos?
¿Hemos reescrito para evitar lo que nos deja en evidencia,.
para pasar por debajo del radar
de la crítica de época,
del reproche callado de las almas cercanas?
¿Hemos condenado al silencio algunas circunstancias
sin las cuales nada resulta comprensible?
¿Hemos alterado la esencia, el contenido, la causa
para que no se sepa quienes somos?
¿Las hemos reemplazado por juegos de palabras,
artificios, aderezos cosméticos?
¿Hemos enterrado para siempre la difícil verdad,
el doloroso encuentro, la culpa?
¿Omitido el adjetivo necesario, porque creemos- suponemos- que mata?
¿Recortado las citas para que quepan en el sayo?
¿Le hemos hecho un guiño a la arrogancia del saber?
¿Puesto, disimuladamente, el ojo, en el ojo del otro?
¿Hemos previsto reacciones, comentarios?¿Los hemos anhelado?
¿Hemos esperado la respuesta?
Fe de erratas: en la versión de Espías Rusos, para celulares, los versos pueden no responder a su extensión original.
Para conocer más sobre el autor:
📝 Alejandro Mendez Casariego nació en la ciudad de Buenos Aires, en 1952. Estudió Profesorado de Historia en la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza. Escribió prosa muchos años, sin llegar a publicar. Se encontró con la poesía a fines de los ’90.
Codirigió el ciclo de poesía “El Orate y la Musa”, junto a Gerardo Lewin y José Emilio Tallarico durante más de una década. Junto con Gerardo Curiá y Lidia Rocha, condujo el ciclo Poesía de Verano, en los años 2020 y 2023. Coordinó el taller de poesía de La Calle Larga de Avellaneda durante algunos años, y varios talleres y clínicas de poesía y traducción desde el año 2002 a la fecha.
Publicó los libros de poesía El elefante de cartón (Editorial Patagonia, 2003), Los réprobos (Editorial Patagonia, 2007), Los dioses de hogar (Editorial Deacá, 2015), Pieles Rojas (Editorial Deacá 2017), La mujer del samurai (La Gran Nilson 2019), Un lugar entre los ojos (La Gran Nilson, 2023) y su último libro “Punto de fuga”, por Mascarón de Proa,2024.
Es autor de ensayos y traducciones de poesía del y al inglés
Poesía, cine y actualidad.


