
Poemas de Yanina Audisio
Breves comentarios biográficos
Antes de compartir los poemas de Yanina Audisio, debemos mencionar que la autora nació en Córdoba, Argentina, en el año 1983. Es Licenciada en Psicología y Magíster en Salud Pública. Ha publicado los poemarios “La boca y su testigo”, que resultara ganador del Primer premio 7mo Concurso de Cuento y Poesía Adolfo Bioy Casares; “Sol por un rato”, Mención honorífica Convocatoria 2020 Nueva York Poetry Press, y “Hacer el lobo” ganador del XXV Premio Latinoamericano de Poesía Ciro Mendía, entre otros.
También publicó el libro de cuentos “Rancho aparte”. Ha sido galardonada con el Accésit Juan Ramón Jiménez – Zenobia Camprubí, destinado a poetas que residen fuera de España, del VI Premio de Poesía Viva, por la interpretación performática de poemas de su autoría.
Acercamiento a la poesía
En una entrevista para la Fundación Pablo Neruda, Audisio cuenta algunos detalles en relación con su llegada a la escritura y, en particular, a la poesía: No quise ser poeta, se impuso la poesía ya a mis 8 años cuando atiborrada de largas horas de lectura diaria necesité obrar sobre las palabras. Que haya publicado varios poemarios solo responde a la intención de darle lugar en el mundo (esto es, los otros) a una pasión que se sostiene por sí sola, en el acto mismo de escribir.
En otra entrevista para el blog El Infinito Viajar, la autora expresa en relación con su proceso de escritura: La inspiración funciona en mi proceso creativo desde el orden de la inquietud. La escritura surgió en mí como un efecto secundario del excedente de lenguaje producido por la lectura.
Con ustedes, los poemas de Yanina Audisio
Los siguientes poemas pertenecen al libro Hacer el lobo, que obtuvo el XXV Premio Latinoamericano de Poesía Ciro Mendía.
SERÁ QUE ESTOY ARENOSA, irremediable, desde siempre anclada en la costa del río aquel: pesado, se aferra a los tobillos con apetencia de grillete.
Por contagio, la demora de un agua turbia contra la resaca minúscula de lo que en otra era fueron piedras.
Nací cuando ya se había desgastado todo atisbo de grandeza.
Será que nunca acabaré por desenterrar los pies de los pastos, de la sustancia que pegotea sin refrescar.
Allí con constancia vegetal, alterada estacionalmente, casi ¿florecida?, casi muerta. En todo caso encharcada, excedida de mica, resplandor molido.
Poca agua en la orilla. Poca agua en el agua.
Será que morir también ocurrirá allí. El viento todavía sin renovar nada, sin traer noticia de algo que se eleve: la persistencia son los gorriones y sus pobres alas.
Acaso nada fuera de ese paisaje que oprime como un cuerpo.
Será que siempre estaré arrepentida de no haber encontrado en el azar un mejor sitio para nacer.
Quizás la hora. No habitar con soltura el resplandor, su caída inminente, el vencimiento de lo que fue promesa.
Estar detenida en la víspera de ser árbol.
Será llegar y quedarse cada vez dentro del vientre animal y amarillo.
Río, maleza, fiebre alta: nacer todas las veces en un verano difícil.
ESTOY DESNUDA DENTRO DEL SUEÑO DE MI PADRE. No puedo despertarlo. Grito una vez lo que memorizamos juntos: el poema. Grito otra vez que le devolveré lo prestado. Todas esas mentiras.
Estoy temblando dentro de la pesadilla de mi padre. No puede dormirme. Grita una vez lo que bailamos juntos: una zamba. Grita otra vez que me parezco a mi madre. Todas esas revelaciones.
Estoy rota dentro de la vigilia de mi padre. No podemos llorar.
LA AMANTÍSIMA roza la tragedia sin consumarla. Escarba en tierra quemada. Conserva para sí el sufrimiento de haber sido, maravilla y desmesura, luz cegadora.
Abandonado por un deseo que nunca fue propio, el cuerpo le gana en fatalismo al crucifijo. De lo que no puede dar nacimiento, duele el abrazo, desnudo, amontonado contra algo, acaso una sirena estallando donde antes era el susurro: en el exilio del oído.
Apenas cósmica, como una flecha recién construida, apunta a un sol lejos del verano y a los pájaros que son más en la calle que en el cielo.
SOSPECHO LO MISMO para este hombre y para aquel otro. Una silla, una chimenea, un alero. Algunos incluso prefieren tener ventanas.
La señora que los fines de semana limpia las oficinas del edificio de atrás lo entiende. Los que embocaron con precisión la pelotita en la papelera, no.
Sospecho esas cosas apenas visibles, la uña mordida, las lámparas encendidas, la moneda del último viaje.
Aquello que quedó en la juventud de la madre. Alguno incluso prefiere visitarla una vez por semana.
Sospecho la falta de un momento propicio para saber de alguien. Y aun así, la proximidad ocurre. Todos colgados entre un asesino y un ladrón.
Sospecho esa confusión entre silencio y frío. En clave aturdimiento. Entre amor y abandono. En clave sacrificial. Entre lluvia y muerte. En clave sonrisa para la última cámara.
Sospecho lo mismo para su perro y para su dios.
COMO PUEDE LA TERNURA desgranarse, así el cuerpo de ella ofrece una molienda o, más aún, sale al escándalo que en él es avalancha enceguecida.
Omisión de lo que saben, escena gozosa que él niega a los vecinos, ventana cerrada a clausura, mas abierta a los espejos, confusión con fulguraciones.
Como puede la voz asumir confituras, gime ninfa ella estremecida sin temor a destrozarse sobre el gruñido minotauro de él que tiembla contra eso: escondrijo feroz, cortinado donde la carne se disuelve, piel de estrella devorada por las fauces del universo.
Habla de ellos ahora el silencio: con la pureza de las serpientes al salir de la muda, resplandece ella; entra a un sueño blanco como si no acabara de conocer la transparencia, él.
Para conocer más sobre la autora:
Yanina Audisio (Argentina, 1983).
Ha publicado los poemarios “La boca y su testigo” (Primer premio 7mo Concurso de Cuento y Poesía Adolfo Bioy Casares), “Sol por un rato” (Mención honorífica Convocatoria 2020 Nueva York Poetry Press) y “Hacer el lobo” (XXV Premio Latinoamericano de Poesía Ciro Mendía), entre otros, así como el libro de cuentos “Rancho aparte”. Ha sido galardonada con el Accésit Juan Ramón Jiménez – Zenobia Camprubí, destinado a poetas que residen fuera de España, del VI Premio de Poesía Viva, por la interpretación performática de poemas de su autoría.
Tradujo “Fantasmas de lo sublime. Poesía en lengua inglesa en torno a la finitud y la trascendencia” (junto a Federico Sironi) y “Pájaros de oscuras vocales. Poesía temprana de Dylan Thomas”.
Poesía, cine y actualidad.