
Esta es tu casa: Poemas de Martin Campero
Breves comentarios biográficos
Antes de compartir los poemas de Martín Campero, es preciso hacer un breve recorrido por algunos aspectos fundamentales de su biografía. En primera instancia, mencionar que el autor nació en Aguilares, al sur de la Provincia de Tucumán.
Presentó, en formato de autopublicación independiente su primer poemario, Enigmas de un salvavidas, en 2019. En su obra se percibe la huella de su ciudad natal, marcada por los cañaverales, los ingenios y las siestas de su infancia. Así como lo han hecho grandes poetas como Jorge Leónidas Escudero, Campero nos lleva de la mano por las siestas de su pueblo y nos deja solos allí.
Tres preguntas
¿Qué es la poesía para vos?
La poesía es ese juego que abraza a todos los juegos de la infancia a la vez. Pero es también la posibilidad de darle forma a las nostalgias de esos juegos de la niñez hoy lejana. En otras palabras, escribir es una forma del “descrecer”, del volver a ser un niño tucumano.
¿Cómo es tu proceso de escritura?
Mi proceso de escritura no es sólido, ni mucho menos organizado o planificado. Si bien hay momentos en que me digo “hoy voy a escribir”, la mayor parte del tiempo el proceso se da a partir de imágenes o frases sueltas que voy anotando en un borrador o en las notas del celular.
¿Leés más en ese proceso de escritura?
Por lo general leo la mayor parte del tiempo y es a partir de ahí de donde nacen los primeros esbozos de mis poemas. La parte más difícil del proceso es ese trabajo minucioso de la corrección.
¿Cómo llegaste a la escritura?
No recuerdo precisamente cuándo ni cómo comencé a escribir. Pero sí recuerdo, porque es lo que me sigue pasando, que todo comenzó por una necesidad. De vez en cuando necesito escribir para desintoxicarme y seguir avanzando.
Poemas de Martín Campero
PREFACIO (DEL REGRESO DEL NIÑO)
Esta es tu casa
porque es la casa donde creciste dicen
y estos son los pisos antes de tierra
donde jugaste
Aquí está la ventana de lata
con la que te lastimaste la cabeza
y ahí la manguera con la que Pipiro te lavó el sangrado
Estos son los plantines que abuelo regaba en el patio
y estas las flores de la abuela que rompías
por puro niño inocente de no saber
que lo bello
por bello también se rompe
Estos son tus dedos con olor a cáscara de mandarina
y estos tus pantalones percudidos con las rodillas gastadas
Estas son las bolillas que tintineaban en tus bolsillos
esa es la pelota que se ponía pesada si se mojaba
y estas son tus zapatillas que rompías de tanto patear
Esta es la forma en la que se ve el sol
bañando las tapias y naranjos
cuando la tarde parece no irse
en la canchita del baldío
Este no sabías era el goce de perderse.
I
madre despreocúpate
ya no busco ser poeta
la indiferencia del lenguaje me dejaría huérfano
no podría ejercer el oficio
de cambiar la fragilidad por palabras
no podría seguir espiando
al otro lado
para oír lo prohibido
ni asumir la vocación de dar testimonio
de los grandes misterios
mi lenguaje nació del hambre
pero no sé cómo pedir de comer
no sé cómo pedir de beber
porque mi lenguaje es indiferente
por eso madre en el fondo
escribir no es sino abrir y ver
:
se comienza por el propio cuerpo
por la propia piel
se debe rasgar la carne
y solo entonces
después
aunque a veces no se vea nada
pero no intento ser testigo
:
busco con urgencia la voz
busco a tientas las palabras
aunque las más veces no alcancen
aunque las más veces el silencio
II
madre no quiero inventar optimismos
ni extraer del vacío
pobres palabras sin rumbo decidido
o versos que se mientan unos a otros
quiero decir jugar
a limpiar con mi lengua
a disfrazarme de tercera persona
para manipular mis objetos y juguetes perdidos
soy un hombre que teme de su propio lenguaje
las palabras se me deshacen contaminantes
como cenizas de ingenio en el cielo de Tucumán
madre yo no elegí la oscuridad
por fascinación
:
yo pude entrar en lo prohibido
habitar el despoblado país de la siesta de julio
pero no quise vivir así
para después escribir la historia de mi carencia
quiero decir
:
mi castigo
de saberme en la ausencia de mi infancia
más bien pretendía desvanecer los límites
de los moldes que me heredaron
para fabricar mi propio alfabeto
con mis recursos de niño poeta tucumano
en una lengua
donde morir como héroe
VI
cuando
niño yo iba
de un lado a otro
dando vueltas y vueltas
para multiplicar mi nombre
con el alma en el hilo de mi volantín
con la piel herrumbrada por el ocre amarillento
recorría sólo los caminos que me permitían ver
la patria era mi infancia
por aquel tiempo yo no comprendía
:
trampeaba pajaritos
empeñado en sentir el leve contacto de sus alas
por el terrible asombro de ver
la vida a partir de la muerte
de buscar el origen de todos los poemas
los mágicos conjuros y sortilegios
que convoca la melodía del ángel
pero matar es otra cosa madre
:
ahora son los ecos de mi niñez que se anuncian
vestidos de pájaros
para verme en la siesta que mendiga
hasta la última lágrima de mi nombre
Fe de erratas: En la versión para celulares de Espías Rusos, los versos pueden no responder a su extensión original
Para conocer más sobre el autor:
Martín Campero (32 años) es tucumano. Nacido el 13 de Mayo de 1993, en la ciudad de Aguilares, al sur de la provincia de Tucumán. Es profesor de Lengua y Literatura en el nivel secundario, estudiante de Licenciatura en Letras en la UNCa. Presentó, en formato de autopublicación independiente su primer poemario, Enigmas de un salvavidas, en 2019.
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