
Textos de Julián Cavallaro
Breve comentario biográfico
textos de Julián Cavallaro
——————- Como quien dice: anhelo,
——————– vivo, amo,
–—————— inventemos palabras
————————————-Susana Thénon
Julián Cavallaro nació en Buenos Aires en 1979. Un mayo de mucho frío, según pudo averiguar Espías Rusos. Es así que, el pequeño Julián, recién nacido, tuvo que aprender a generar un calor que lo cobijara en esas circunstancias. Tanto tuvo que hacerlo que ese fuego, hasta el día de hoy y para siempre, lo acompaña, incluso en la poesía.
Es estudiante del Profesorado de Lengua y Literatura. Eterno estudiante, se define él. Sin embargo (esa pasión por la palabra, porque -hay que decirlo- hay que ser apasionado para definirse “chomskiano”), fue la que lo trajo hasta el mundo poético que hoy recorre. En compañía de otros lo hace. Con Pamela Terlizzi Prina por ejemplo, dictando el taller “Música y Poesía”. Porque claro, además de Chomskiano, se define melómano.
Cavallaro, según le hizo saber a Espías Rusos, es un apasionado por las formas. En ese sentido, encuentra un punto superior en la obra de Susana Thénon. Lee y relee buscando lo que encuentra. Las formas, Thénon, Chomsky, la edición y la música lo hacen moverse por el circuito literario en busca de algún verso perdido.
Breve comentario sobre la obra. Textos de julián cavallaro
Nuestro autor, en entrevista con Desbocados, con respecto a las redes sociales y la poesía expresa “Yo creo, que en las redes sociales, el formato está por encima de las formas. Entonces eso termina siendo de alguna manera un impedimento a la hora de la creatividad y de buscar una voz propia. (…) En vez de buscar estética en cuanto a las formas, uno busca una estética en cuanto al formato”.
“Cuando más me vinculo con la poesía, más dudo de todo.”, plantea el autor. Y, por otro lado, con respecto a su libro “Distintas formas de la urgente” y también en relación con su obra, la poeta Pamela Terlizzi Prina expresa.: El poema siempre es el presente, sin embargo desde estas páginas se envían ondas expansivas al pasado, se compone la nostalgia por un mundo más lento y menos líquido, se reformulan los símbolos que trafican las canciones que construyeron nuestra educación sentimental.
En fin, en estos poemas de Julián Cavallaro, aunque podríamos pensar, más bien, en la idea de textos conceptuales, se busca reflexionar sobre el lenguaje y la poesía. Les presentamos, entonces, esta selección de textos de Julián Cavallaro.
Los textos
Entregarse al poema como quien intenta desarmar una tormenta con la mirada.
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En el poema todo es posible: un cuerpo puede ser una ciudad y el exceso de semáforos, síntoma de infección.
La clave no está en la lógica de las señales ni en la obediencia a los carteles.
En el poema todo es una constante fiebre.
Sólo así se puede cruzar una avenida con los ojos cerrados y que sean los autos los imprudentes.
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La poesía es el arte de confirmar la desconfianza.
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Siempre me llamaron la atención las banderas que indican el estado del mar, esos triángulos de tela apostados a pocos metros de la orilla que casi nadie mira. Azul, amarillo, negro y rojo, el espectro va desde la indiferencia a la furia.
¿Quién será el encargado de interpretar el estado de ánimo del mar? En eso el poema y el mar se parecen: ambos se sienten cómodos con la arrogancia del lenguaje.
Una vez casi me ahogo. Mientras intentaba escapar de la corriente, en ningún momento pensé en colores ni en banderas. Me gusta decir que el mar no me quiso, que se arrepintió. A nadie se le ocurriría juzgarlo por eso. ¿No debería existir un color para semejante impunidad?
A lo mejor habría que buscarlo en algún poema.
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Para escribir un poema tengo que desconocerme. ¿Desobediencia o impunidad? Esta es la parte de la fe que no entiendo, la de los arcángeles y la traición.
Me gustaría ser más ciego de lo que soy, perder el miedo a tropezar. O volver a ese momento de la niñez en donde romper un vidrio resultaba tan natural como sonreír.
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Escribir un poema es inventar una religión que confirme toda incredulidad.
El estado natural de la poesía es el milagro.
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El ambiente de la poesía es como el video Abarajame de los Kuryaki: hermanos separados al nacer crecen en pandillas rivales enfrentadas a muerte. Cada pelea parece la última pero nadie sale realmente lastimado. Se odian o juegan a que se odian. Hasta que vuelve quien los separó, posa sus manos sobre sus cabeza y, sin decir palabra, los redime con la verdad: toda violencia es estéril, excepto la del lenguaje.
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No me preocupa que los robots hagan poemas. Me preocupa más lo que me pasa a mí cuando llega lo que podría ser un poema. A partir de ese momento, todo pasa a un segundo plano: comer, trabajar, hablar con la gente, lo que se dice vivir queda relegado a lo automático. Algo así como funcionan las aplicaciones del teléfono.
¿Por qué me asustaría que los robots hagan poemas? En todo caso, que me tengan miedo ellos a mí.
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La poesía es la única religión en donde la resurrección está comprobada.
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Hace 20 años, Vicente Luy puso en un poema escribir no es importante y toda una generación tomó sus palabras como un mandamiento, una ley inquebrantable.
Después se tiró de un balcón. Ahí nos hicimos todos los giles.
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No alcanza con el nombre
Los catálogos venden cursos de trading. Las etiquetas se endeudan en salvación.
El ritmo abandona la ciudad. Alguien decide culpar a los monumentos por su rigidez.
¿En qué arrecife viven hoy los cardúmenes de la insolencia?
Yo podría ser un fantasma pero elijo no serlo. De lo que hay mucho prefiero poco.
Por suerte existen los votos y la poesía.
¿Sabías que en la luna hay un mar que no es un mar?
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Gran parte de la poesía de hoy se mueve como una enfermera de guerra por esas carpas blancas no muy lejos de la batalla. Todo lo que necesita lo tiene: gasas, vendas, litros y litros de sangre para transfusión. ¿Se ocupan las camillas? Traen más.
Cada tanto se quita el sudor de la frente con las muñecas, suspira pero no se queja. Del soldado de los likes que le apunta a la cabeza hablamos otro día.
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Comprender el funcionamiento de un poema debe ser lo más parecido a comprender cómo funciona el universo. No hablo de hazañas ópticas ni de cálculos matemáticos, sino del único evento cósmico al que podemos aspirar: ese en donde la plenitud y la orfandad se desnudan en simultáneo.
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Creo que el poema, al igual que algunos animales, tiene que ser peligroso. Esa es su esencia. ¿Dónde estaría el peligro? Sospecho que en la negrura de su pelaje, en la oscuridad de lo que calla; si dice todo compromete su naturaleza, no sólo no se arriesga sino que pierde más de lo que gana. Vivimos tiempos de luz artificial, exagerada. Me gusta pensar el poema como una pantera al acecho. ¿Para qué negarle la noche?
Nació en Buenos Aires en 1979. Geminiano de mayo. Eterno estudiante de la carrera de Lengua y Literarura, publicó los libros El ruido blanco de los sueños (Halley, 2023) y Distintas formas de lo urgente (enero, 2024). Algunos de sus poemas participaron en distintas antologías. Chomskiano, melómano y cinéfilo, en sus ratos libres juega al editor. Fundamentalista de la forma, lee con obsesión a Susana Thénon y subraya los libros.
Para conocer más sobre el autor:
Poesía, cine y actualidad.