Poemas de Julieta Lopérgolo

Poemas de Julieta Lopérgolo
Julieta Lopérgolo

Poemas de Julieta Lopérgolo

Breves comentarios biográficos

Antes de compartir los poemas de Julieta Lopérgolo, haremos un repaso por los aspectos claves de su biografía. En primera instancia, mencionar que nació en Rosario, aunque vivió en Uruguay y Capital Federal. Desde estos varios lugares,

En 2018 publicó el libro de poemas Para que exista esa isla (Postales Japonesas, Córdoba). Más lento que la noche (Postales Japonesas, Córdoba 2019). Publicó, en el año 2020, Agua de pozo (Ediciones Arroyo, Santa Fe) y Pero en el aire (Postales Japonesas, Córdoba), libro ganador del tercer premio en la categoría Poesía del Fondo Nacional de las Artes 2019. El año 2022 trajo la publicación de Estado anterior (Yaugurú, Montevideo). En 2024, El turno de la luz (La ballesta magnífica, Buenos Aires). En 2025, Contra las cosas quietas (Salta el pez, Buenos Aires).

Los poemas

Del libro Para que exista esa isla

Por última vez 
había que subir a la terraza a destender
tu ropa.
Había que ver cómo algo tan simple
nos hería.
Esa mañana contraria a las demás
la forma de tu cuerpo ondulaba en la soga,
el aire envejecido,
empastado de nada,
todo lo que no.
Queríamos decir mañana y no,
cielo celeste no,
ni vamos,
ni en un rato.
Lo único importante era esa ropa paralela
a la certeza enorme de tu muerte
en los oídos.
Podríamos haber velado directamente
la ropa tendida,
abrazados,
mientras soplaba ese viento desacostumbrado de junio
sobre el techo inocente de tu casa.

Del libro Más lento que la noche

Montada en el pelo del río 
considero
pescar
–no lo que sube–
lo que cae.
Esto quedó:
la sobrevida que azota el fuego
como si levantara en andas
lo perdido
y lo alumbrara
en un pequeño cielo
para luego soltarlo
como habla de ceniza.

Poemario Pero en el aire

Nos desacostumbramos a los sonidos del monte,
al poco cuerpo de la oscuridad,
clavamos nuestros sollozos como espinas
en los pliegues de un idioma que no conocemos
para marcar un camino,
nosotros,
los que no sabemos llorar.
Todo lo que pienso tiene cuerpo.
El cuerpo del amor ajado en los objetos.
El infinito cuerpo que es la madre o el padre
y sus derivaciones.
Todo lo que pienso tiene cuerpo,
una forma más o menos sutil,
más o menos brutal,
de incesante memoria.

Del poemario Estado anterior

34
Quedaban los acantilados de la pena
sobre los que atardecía
un dolor mudo,
en especial a algunas horas
en las que la luz fingía deshacerse
castigada.
Quedaban esos instantes en los que algunos peregrinos
se nutrían de un silencio imprescindible
para continuar el viaje o renunciar.
Algunos arrojaban sus arrepentimientos
desde la altura
y allá quedaban labios y almas divididas.
Entre el deseo y la quietud
el aura del vacío
bajaba a redimir las decisiones.

De libro El turno de la luz

En el naufragio sabré reconocer de nuevo
la belleza.
Sabré salvarme.
Me asistiré a mí misma como naciendo
pero con la capacidad de verme
desde el inicio.
Me ha dicho que tengo que ser cauta,
olvidar lo que sé,
guardar distancia para el poema
que escribirá la resucitada,
pero que ignore mi lenguaje de guerra
para dar paso a la unción
de lo imprevisto.

Libro Contra las cosas quietas

Conservo los escombros delante de la puerta,
señal de que algo se construye.
Tal vez se pueda vivir
en una especie de abandono vigilado
y contar la edad de lo que sobrevive
con su propia justicia.
Tal vez algo puede vivir
no sólo porque no se espera otra cosa.
Al fuego las cenizas, 
a su final.
Junto los poemas que no saben vivir
y los arrojo a una noche que los olvide.
Yo también me dirijo humildemente
a esa noche.
Pero antes hago una pequeña pila
con los nombres amados
y la someto al juicio de la lluvia,
a las mayores inclemencias
de las que no soy capaz.
Me enseño eso.

Para conocer más sobre la autora:

Poesía, cine y actualidad.

Compartir en:

POSTEOS RELACIONADOS