Poemas de Diego E. Suárez

Diego E. Suárez

Poemas de Diego E. Suárez

Breves comentarios biográficos

Antes de compartir los poemas de Diego E. Suárez, vamos a recorrer algunos aspectos de su biografía. Nació en Posadas (Misiones) en el año 1979, pero vive con su esposa y sus hijos en Santo Tomé (Santa Fe). Es docente en la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos, así como también en el Liceo Municipal “Antonio Fuentes del Arco” de Santa Fe.

Sus libros más recientes de poesía son Lo habitual (de l’aire, 2021) y Compost (Palabrava, 2024).

Entrevista rusa

¿Qué es la poesía para vos?

Si no me lo preguntan, lo sé. Si me lo preguntan, lo ignoro. A la poesía no se la define, sino que se la reconoce. ¿Estoy repitiendo ideas de San Agustín y de Alberto Girri para disimular que no soy consciente de qué es la poesía? Tal vez. Si me esfuerzo un poco más, puedo decir que en mí algo que podríamos llamar “poesía” se manifiesta como una sensación fugaz e irrepetible. Es algo físico, un sentir-pensar-actuar siempre nuevo y renovador que unas veces me impulsa a jugar seriamente con símbolos en busca de algo que no sé qué es hasta que el poema está hecho y me lo muestra, y que otras veces me impele a buscar en mi interior algo que desconozco y descubro al terminar de leer un poema ajeno. Pero momento. Ahí me parece que estoy confundiendo “poesía” con “inspiración” (hay que estar inspirado tanto para leer como para escribir). Pido auxilio a Horacio C. Rossi para encontrar una salida provisoria y digo, como él, que “Poesía es lo que hace habitable al mundo”. Es algo y es todo.

¿Cómo es tu proceso de escritura?

Es, más bien, de corrección, para ayudar al poema a que diga mejor lo que tiene para decir. Siempre con una ayudita de mis amigos. Las miradas ajenas abren nuevos horizontes.

¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Y por qué?

De niño. Primero relatos breves. Después, poemas. Y ahí me hallé. Por placer y por curiosidad.

Los poemas

MBYÁ CANTA

A Martín Raninqueo

La guitarra despojada
de algunas cuerdas
no le impide elevar
desde el suelo
cosas en guaraní
intangibles y dulces.

Tiene algo de pájaro
este hombre menudo
venido del monte.
La mirada perdida por momentos
hace foco en quien se acerca
a dejarle una ofrenda,
pero no para de cantar.

Al terminar, nos mira y nos regala
dos caramelos de miel de su rostro.

A kilómetros de aquí
me veo diminuto, preocupado
por corregir y publicar.
Pero antes de seguir
él barre el aire con la vista,
me sonríe y hace foco en mí.

Como un faro.

Poema del libro Simple (2019)

Silencio

Mi arte radica en pasar el tiempo y el destiempo
juntando y reciclando lo que se le cae al silencio.

Epifonema

Lo más hermoso que perdí
es lo más terrible que conservo.

Poemas de Infinitaedro y el arte de la fuga y el silencio (2013)

Para quien está al lado

Para quien está al lado
los días pasan pesadamente
arrastrando los pies.
A no ser por los ciclos de la luna
y los resignados amaneceres
cualquiera pensaría: esto
es un mal sueño que nunca termina
de empezar. Después de todo
quien está al lado sabe que está
ahí para algo: asiste a otro cuerpo
(al sufrimiento de otro en su cuerpo)
y al asirlo por dentro se siente carcomer
a medida que en su roce contra el suelo

Del libro Sufrimiento de otro en su cuerpo (2013)

Historia de las ideas del colectivo

Quien sujeta el volante cree tener el poder,
quien abona el pasaje cree tener el poder,
quien toma asiento cree tener el poder,
el dueño de la empresa cree tener el poder.

Quien patentó la máquina de boletos cree tener el poder,
quien programó los semáforos cree tener el poder,
quien planificó el recorrido cree tener el poder,
Nuestra Señora de Luján cree tener el poder.

Quien toca el timbre cree tener el poder,
quien aprueba el subsidio cree tener el poder,
quien coimea al funcionario cree tener el poder,
el capo del gremio cree tener el poder.

Pero quien realmente tiene el poder
es el sereno del corralón,
que por la madrugada,
cuando nadie lo ve,
sube a cualquier unidad,
a imaginar que maneja.

Libro Lo habitual (2011)

Compost

Era marzo, fui al fondo
y vi la posibilidad.
Parecía fácil: se apilan
desechos orgánicos
sobre materia seca,
se agrega tierra,
se mantiene húmedo,
de vez en cuando se remueve.
Con el tiempo, todo
se convierte en abono
negruzco, granuloso, nutritivo.
Quién pudiera apilar así
pesadumbres, culpas,
faltas de ternura, capa
sobre capa y mezclar
hasta hacer de eso
algo fértil.

Ahora ya es del año
la estación florida
y vuelvo al fondo.
Hundo mis dedos
en el nombre del planeta.
Pienso: quién pudiera.

Kurinji

La ola me devolvió mi reflejo
y me mostró diseñado
para salar tu herida.

En las montañas de Kerala,
al sur de la India, se encuentra
una flor violeta que se abre,
dicen, cada doce años.

Le lleva casi una vida nacer.

De mi parte, ¿ya es tarde
para reparar cualquier daño?

Trataré de ser digno
de lo que la época ha hecho
florecer en mí.

Poemas del libro Compost (2024)

Para conocer más sobre el autor:

Poesía, cine y actualidad.

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