
La poesía de Francisco Avendaño
Por Misael Castillo
Una poética que tensiona
Hablamos de “A nivel del mar”, el nuevo libro del poeta santiagueño Francisco Avendaño, publicado por la Editorial Mundar en el año 2025. El libro está constituido por ocho poemas con sus respectivas notas. Cada poema carga, posteriormente, una nota, y está precedido por una cita. En cada epígrafe, leemos la tradición poética de Avendaño que va desde Henry Miller hasta Leopoldo “Teuco” Castilla.
En el prólogo Jorge Rosenberg planteó: Esta poesía de Francisco Avendaño ha dejado una noche en mi casa, por momentos parece surrealista, pero ese abrazo abandona de repente para internarse en una arquitectura secreta, una expansión especial. Y agregó: Ya desaparecida aquella ciudad familiar (Sgo del estero), sus poemas se estiran hacia objetos e imágenes para una nueva realidad. Sin duda una renovación de la poesía nuestra (…) Poesía estupefacta, es cosa escondida y no irradiante.
Acerca de la poesía
En primera instancia, debemos hacer referencia a las “famosas” notas. Bien sabemos que una nota al margen es siempre una explicación o similar. Sin embargo, estas notas no son concluyentes ni explicativas, por el contrario, siguen la curva de búsqueda de sentido que abre el poema. Hablamos de notas abiertas que funcionan como pozo ya que son reflexiones poéticas que dibujan el mapa de las sensaciones, los lugares referidos y que realizan, en la mayoría de los casos, concepciones sobre poesía.
A nivel del mar es el título del libro y, a partir de él, podemos jugar el juego de las intuiciones. Cuando algo está al nivel del mar, significa dos cosas: 1) está en el nivel exacto en el que no hay altura por encima del nivel del océano. 2) está a punto de romper el reposo, a punto de ejercer una fuerza que romperá el equilibrio en el mundo: está por desnivelar. Podemos pensar que en el título mismo de la obra se propone una tensión.
Francisco Avendaño
Podemos hacer referencia también, al hecho de cómo se trabajarán ciertos aspectos de la poesía. Fundamentalmente, el “yo” poético no renuncia a la elaboración estética. Pero está parado allí en ese lugar sin altura. El crítico argentino, Luis Benítez, menciona algo que podría ayudarnos a entender este movimiento, en una nota para la Revista Altazor, en la que se presentan las “nuevas” voces de la poesía argentina (y en la que hay algunos poemas que están reunidos en el libro A nivel del mar):
La poesía de Francisco Avendaño se distingue por la voz, generalmente crispada y atravesada por el peso de una conciencia crítica, que observa implacable sus propios universos interiores y la objetividad de cuanto lo rodea, así como las intersecciones entre ambos campos -bajo la certeza de que conforman una sola unidad- con las consiguientes crisis y los choques constantes entre un espacio vital y el otro.
Poesía santiagueña
En el primer poema del libro, El lenguaje de los restos, el “yo” poético (porque se puede confirmar un “yo” poético allí) nos toma de la mano y nos pone a mirar lo inútil. Como diría Avendaño en la nota que le continúa: un objeto que tuvo una misión y la cumplió. Anuncia, además, de alguna u otra forma, un manifiesto: la memoria como una serie de golpes firmes que el poeta tendrá que rescatar , que el pueblo tendrá que rescatar, a la fuerza:
“Mi ciudad sólo recuerda en los escombros,
a pesar de libros y templos,
no aprendimos otro modo (...)
Aquí todo persiste (...)”.
El movimiento del poeta, como hubo dicho Luis Benítez, serpentea entre un objetivismo y una radical construcción de la belleza por otros medios. La presencia del “yo” no anula la singularidad del objeto mirado. Estamos, tal vez, ante ese “poeta camarógrafo” del que hablaba Dobry, refiriéndose a la obra de D. G. Helder. Hay una diferencia importante, sin embargo. Avendaño no abandona los recursos estéticos, ni achata el lenguaje. Por lo demás, se puede encontrar aquí un punto de contacto:
Francisco Avendaño: A nivel del mar
filmar es, obviamente, una metáfora de mirar; de un mirar que no se eleva por sobre la chatura de la realidad, sino que deliberadamente se pone a la misma altura: chatura de paisaje, (…) para filmar la realidad en el mismo caos y en los mismos chirridos con que se manifiesta.
Sin embargo, intuyo en Avendaño una búsqueda incesante en el adentro ya que, el mismo poema expresa: “la imagen es el poema provisorio”. Estamos, entonces, ante una tensión estética. No es objetivismo, pero tampoco no lo es.
La tensión en este libro pareciera estar puesta en lo que se mira, pero también hay aquí poderosas reflexiones sobre lo que la poesía le hace a la lengua. Dicen algunos que “se puede romper los límites del lenguaje”. Dudo de eso. Pero sé, como lo hace Avendaño en el poema III, que se puede hacer tambalear los límites, acercarse hasta las fisuras. Como diría Georg Lukács: Las formas son sociales.
A nivel del mar
(...)Y SABER QUE EN ESTE MUNDO NO HAY NADIE A
QUIEN ENVIARLE ESTE MENSAJE.
El túnel hace gárgaras con los autos
y repite una vocal largamente,
preposiciones y copulaciones conjuntivas del poema (...)
El “yo” poético inaugura un movimiento que consiste en una reflexión poética que tiene su primera capa en la poesía. El poema reflexiona sobre lo que las palabras le hacen a la poesía. Allí, donde los límites parecen claros, nos movimos entre la reflexión y la sensación. El poema continúa: En el vértice de la página encuentro un níspero/ su sabor es la memoria de mi infancia./ Un árbol solitario (…)”.
Poética santiagueña
Podríamos pensar que este poema surge en un estado de “extrañamiento”, ese viejo concepto del amigo Viktor Shklovsky, al que podríamos agregar cierta idea de lo “errante” que aparece en Raymond Depardón. El poeta camina las calles de Rosario y allí pasa el poema. El mismo autor se encarga de ampliar poéticamente sobre esto en la nota que acompaña al texto: Alerta el ojo que escribe, obnubiló la geografía de una ciudad agazapada en las hondas costuras del río, un fruto que conocí en mi infancia (…) anoté las imágenes con rigor en mis cuadernos, detalles que se acumulan en la mirada (…)
En el poema IV, (Teriantropía), el “yo” poético reflexiona, hundido en el deslumbramiento, acerca del oficio de existir en forma humana. El tiempo escindido e inesperado en el que entró el mundo hace millones de años nos persigue, expresa:
Poesía
(...) Porque en el fondo sabemos
que no debíamos ser más que animales
de amores voraces
(...)
El pasado es el relato del hoy,
círculos que se explican a sí mismos
para perder su simetría (...).
Cada graznido del poeta, bajo esta lógica, sería el recupero de una animalidad que cargamos por mera existencia.
En el poema V, aparece el ojo del poeta reducido a la mínima sílaba. Y la poesía, en ese caso, según el propio autor lo enuncia, sería el poema que sucede “como un desgarramiento del paisaje”. No hay un modo de crear el poema en el que no estemos dejando una parte de la experiencia agonizando:
(...) Cada cuerpo describe su trayectoria en el espacio
líneas que se superponen entre sí
para formar la trama de este barrio (...).
Francisco Avendaño – Poesía
Dicho de esa manera, la poesía sería, para nuestro autor, un hecho que ocurre en la palabra. No antes. Pero todo eso por lo que brillan los ojos tiene la capacidad de asumirse como poético. La poesía es la experiencia estética del lenguaje, decía Borges, y en estos textos, la experiencia es estética.
Incluiremos un pequeño fragmento para dar cuenta de cómo las notas que el autor ofrece, abren el sentido de los textos: Todo saber es sinécdoque, como intentar resumir el universo en el lenguaje. Lo nuestro es fluir por las nervaduras hacia pequeños abismos, sólo podemos dar cuenta del vértigo en la caída y cada cual cae a su modo. El saber poético es entonces parcial y mínimo, la revelación de una verdad potente y honda (pero individual y solitaria), capaz de resonar en los otros según la secreta vibración de su espíritu.
A nivel del mar
Hemos leído, o intentado leer, algunos aspectos relevantes de la obra de Francisco Avendaño, poeta santiagueño que trae a los acantilados de la poesía una pequeña fauna de animales hambrientos (las palabras), que buscan demolernos los huesos con su peso.
No hay certezas en una obra de esta características, sino el constante oficio de perseguir la belleza sin abrumarla. Como dice su propio poema VII: Aquí el cielo improvisa el verde a ras de un mar que no conoce,/ adivinando sus contornos,/ esperando señales de humo/ o solo el silencio que supone la armonía.
Un poema del libro
I
(El lenguaje de los restos)
“Hay que incendiar la poesía
y cantar luego
con las cenizas útiles.”
Jorge Boccanera
Siempre es agua,
por mucho que la luz se manche en los charcos,
la lluvia detenida bulle en renacuajos y el día
es el brillo en las botellas rotas.
Aquí el concepto ensucia las manos.
Flores de nylon que el viento enredó en las ramas,
pañales y forros,
envases,
diarios viejos.
Mientras la tierra retrocede,
crecen los márgenes.
Mi ciudad sólo recuerda en los escombros,
a pesar de libros y templos,
no aprendimos otro modo.
Aquí todo persiste
sin palabra o sedimento.
La imagen es el poema provisorio
y el orden el lenguaje de los restos.
La ciudad se estira hasta desbordarse,
el límite es el ritmo con que crece y olvida la marea.
El lenguaje de los restos
El poema es el jirón de una fotografía, el baldío como un “no lugar” que nos involucra y delata. Es una temática que aparece constantemente en nuestra poesía, Castilla, Giannuzzi, Calvetti, entre otros han escrito poemas sobre la basura, las formas, la respiración, la mirada cambia con cada poeta, pero no la sensación de hermandad con el despojo. La basura se nos parece y desafina en el paisaje tanto como los inadecuados edificios de altura contra el horizonte absoluto.
Pensar en los objetos que han cumplido su propósito y son descartados para siempre sólo porque salen de nuestras vidas, no los hace desaparecer, los acumula en los márgenes de la memoria de las ciudades. A esos despojos, sólo podemos envidiarles que hayan tenido un propósito y lo hayan cumplido, aunque eso implique su abandono. Nos navega la inevitable tentación de entendernos a nosotros mismos como el descarte de un dios disconforme, que nos dejó solos en uno de los márgenes del sol.
En el baldío, ahí donde la cultura es la naturaleza adornada en el residuo, ahí nació el poema, el sitio fue el margen de la ciudad de Santiago, junto al Río Dulce en el Barrio La Católica, a pocos metros del basural crecían las primeras casas
Para conocer más sobre el autor:
Francisco Avendaño, (Santiago del Estero 1980). Sus poemas integraron varías antologías nacionales y regionales. Publico de manera artesanal los libros Biografía del Instante, trece postales del barro y el libro Hacer Mostrar, antología poética propia. En el año 2025 publicó A nivel del Mar con editorial Mindar. Participó de numerosos encuentros y festivales de poesía. Forma parte del grupo de poetas santiagueños Poesía Circular y del colectivo Poetas del Norte Entero
Les compartimos también una lectura del texto (extraída del canal de la subsecretaría de Cultura de Santiago del Estero):
Poesía, cine y actualidad.


