
Mezclado con el aire, el nuevo libro de Lidia Rocha
Acerca del nuevo libro de Lidia Rocha:
En esta nueva entrega de Espías Rusos, compartimos una breve charla sobre Mezclado con el aire, el nuevo libro de Lidia Rocha, publicado por Editorial Leviatán. En este libro, La autora contruye un “yo” poético que hace un recorrido desde lo mínimo hasta lo incognoscible, tambaleándose constantemente entre todos los tiempos de la humanidad. El personaje, como dice Rocha, podría ser un niño, un poeta, pero también podría ser el mundo o un Dios. Poco se puede afirmar sobre él.
Gamsci planteaba que entre un mundo que no termina de morir y un mundo que no termina de nacer, crecen monstruos. La poesía de Lidia Rocha parecería un lugar para el despliegue de esas mounstrificaciones. El ejercicio estético radica en el todo, en la contemplación de todo cuanto existe. Todo es susceptible de entrar en el poema, al menos en estos poemas de Lidia Rocha que van desde la génesis, el nacimiento, los neutrinos, los almácigos, los sépalos, hasta El dilema de Erizo, las nebulosas, el Cinturón de Kuiper, el Corazón blanco de Plutón, Chicxulub, y figuras mitológicas como Yggdrasil y Quetzalcóatl.
Consideramos que este libro es un poemario total. Tal vez, lo mejor que ha llegado al cuartel de los Espías Rusos en el último tiempo.
Entrevista con Lidia Rocha acerca de Mezclado con el aire
Hay una génesis que parte de un lenguaje estropeado. Y, aunque está claro que nos referimos a un niño, en primera instancia, no siempre tenemos del todo claro que sea un niño, o un poeta, o tal vez, incluso el mundo. ¿Cómo aparece la idea de este “yo” poético?
En el origen de los poemas está el lenguaje, esto es, un impulso hacia un lenguaje que fuera hermoso y hablara de cosas importantes, como la vida en la Tierra o la poesía. Sentía que el lenguaje estropeado era el de los políticos y los tecnócratas. Y quería escribir en su contra. Después ese impulso se encontró con los poemas del libanés George Schehadé, bajo cuyo hechizo escribí todo el libro. También alimentados de muchas otras cosas (bagaje y nuevos descubrimientos), los poemas aparecieron desde el comienzo con ese personaje que, como en una novela de iniciación, pasa de la infancia a la adultez, aunque nunca pierda la infancia que, como se sabe, es la patria o la matria del poeta.
Encontramos dos partes, pareciera haber una transición como si se estuviera narrando, en una primera instancia, sin un lenguaje cabal que, posteriormente, tendrá una forma más acabada. ¿Por qué la elección de estas dos partes que van moldeando la voz poética?
La transición se fue dando involuntariamente. Sucedió. Primero hay un personaje, probablemente un niño, quizás un poeta, arraigado a la tierra. Esa parte está en pasado, que es el tiempo de la rememoración. En la segunda parte, ese personaje crece, tiene malas compañías, sufre las intemperies del crecer y del amor, viaja, tiene libros, sabe de filosofía y de ciencia, profesa sus idolatrarías y quizás formula su propósito..
Al menos, así es como leo el libro después de haberlo escrito. Mientras lo escribía todo era pasión e impulso. La razón se arrastraba detrás.
La carga conceptual se ve desde el inicio, ¿Cómo llegás a esos materiales? ¿Qué ocurre entre el momento en que encontrás un concepto científico y el momento en que ese concepto se convierte en un elemento del poema?
Me gusta la ciencia. Especialmente la astronomía y la biología. Y todas las palabras con las que me encontraba en ese momento de inspiración eran atrapadas por los poemas, con esa facilidad que tiene la poesía por atrapar todo y convertirlo en ella misma. Por ejemplo, el verso “su mente es una flor que navega el aire”, me surgió cuando estaba observando el telescopio Webb y pensé “¡Es una flor!”. Y esas palabras… “Anda cazando estrellas nucleares/ espectros luminosos/ granos de la Vía Láctea”, son pura música. Hay hallazgos maravillosos que aparecieron entonces, por ejemplo, descubrir que a ciertas mediciones estelares las llaman “sirenas y candelas”. Venían solas.
No es nueva la carga simbólica, poética, espiritual que pueden tener algunas palabras. En el poema “Al mundo como lo conocemos” hablás de los árboles y de la gran catástrofe del oxígeno, en ese sentido, somos un efecto colateral de ese cambio medioambiental. A nosotros nos pareció muy interesante ese registro porque es muy contemporáneo también ¿pensaste en eso? ¿En la conjugación de la génesis y el mundo actual?
Sí, sí. Ese poema es un manifiesto ecopoético, como otros. Hay uno que dice: “Cambiaría milenios de vida humana/ por la piedra caliza de los corales”. En estos poemas no hay una superioridad del hombre por sobre el resto de las especies; al contrario, hay un deseo de fundirse con formas de vida (larvas, medusas, esponjas). La vida, el oxígeno y la capa de ozono son un regalo del reino vegetal. Los árboles son los verdaderos dioses del planeta, ante los que sólo cabe la veneración.
En el poemario conviven figuras mitológicas como Yggdrasil o Quetzalcóatl junto a conceptos de la física moderna como neutrinos o el cinturón de Kuiper. ¿Cómo dialogan para vos el pensamiento mítico ancestral y la astrofísica a la hora de dar sentido al universo?
Siempre tengo muy presente las enseñanzas de Roland Barthes. El maestro dijo en su “Lección inaugural” ante el Collège de France: “Si todas nuestras disciplinas debieran ser expulsadas de la enseñanza excepto una, es la disciplina literaria la que debería ser salvada, porque todos los saberes tienen en ella su lugar (…) La literatura hace girar los saberes, ella no fija ni fetichiza a ninguno; les otorga un lugar indirecto, y este indirecto es precioso […] La ciencia es vasta, la vida es sutil, y para corregir esta distancia es que nos interesa la literatura”.
En varios versos se expresa un deseo de distanciamiento de lo humano: “Odia ser humano / y ruega / volverse árbol o apenas /una mota de polvo”. O cuando se refiere al dilema del erizo. ¿Qué hay de esa mirada extranjera, no completamente inserta o socializada, creés que permea en tu poesía? ¿Hay un intento, poesía mediante, de reconciliarse con la especie o es más bien una metamorfosis con la naturaleza?
El dilema del erizo está en la primera parte, cuando reflexiona sobre cuánto podemos acercarnos a los demás. El segundo refleja un dolor de la madurez, provocado por su propia especie depredadora, esas “criaturas dañadas por la saciedad”.
Hay rebeldía contra la especie y también hay amor, admiración y compasión en este libro. Y tal vez un ruego a nuestro espíritu salvaje para que pare con la destrucción.
A lo largo de los poemas, el dolor físico, la enfermedad y las cicatrices del tiempo en el cuerpo contrastan con la eternidad de las estrellas y las rocas. ¿Qué papel juega la experiencia de la fragilidad corporal en tu forma de contemplar la inmensidad del espacio?
Mi perspectiva es completamente egocentrada. Soy el centro de mi universo, aunque esté girando con la Tierra, con el sistema solar y las constelaciones. Es el poder humano a pesar de su fragilidad. Gastón Bachelard dice “el universo creó nuestros ojos para verse”. Y hemos creado una navecita (el Voyager II) que esta saliendo más allá de la heliosfera. Por eso dice el poema: “Septiembre es suyo/ Todas las melodías le pertenecen/ la Mariposa y el Centauro/ Orión y las Marías y el esplendor de la savia/ desde las raíces a las hojas”.
Tu poesía va entre escalas gigantescas (el cráter de Chicxulub, las lunas de Saturno, el origen del universo) y momentos de vulnerabilidad doméstica, como el litio en el cerebro, un virus en los nervios o el rostro de la madre. ¿Qué vínculos estableciste a la hora de escribir, entre la fragilidad humana y los cataclismos del cosmos?
Todo está ahí. Sólo se trata de sentir y mirar. Y quizás también de pensar e imaginar.
El primer poema comienza con un verso contundente: “Había nacido extranjero”. ¿Qué clase de extranjería se pone en juego en el libro? ¿Es una condición del personaje, una forma de mirar el mundo o una posición desde la que se escribe poesía?
El personaje dice que apareció en el mundo “vestido y caminando”. Y yo juego a creerle al decir al decir: “Las naves espaciales/ lo han dejado al borde azul de este universo”. La extranjería es propia de nuestra condición humana, desde que nos apartamos de la naturaleza, aunque quizás los niños y los poetas lo adviertan con mayor claridad.
Selección de poemas
Son recuerdos del mundo
de cuando no había mundo
o la casa era el mundo
la casa y su jardín dormido
¿Era su nacimiento lo que anunciaba
el benteveo con su chillido agudo?
Venía desde el agua
a mirar esas plumas sobre el palo borracho
el chispazo amarillo sobre el nido
Todo se le aparece desordenado y claro
No sabemos si algo de esto fue cierto
salvo por el aire cristalino
y los celajes
En el baldío un caballo blanco
con fuego en la mirada
era un anhelo de resurrección
de las cosas pequeñas
que se tragaban
las junturas entre las baldosas
No podría decir
si cabalgaba albina una fe nueva
aún no dañada por palabras
cuando todavía no era capaz de rezar
y sólo sabía plegarias de imágenes
Racimos en los patios abandonados
a la maleza
que son vigilia en parte
y en parte sueño
mezclado con el aire
Para que aprendiera temprano
lo que es el dolor
lo arrojaron al mundo
sin hierro en los huesos
Sabe que los suicidas
son niños absolutos
De las mujeres
que empalidecen en sus vestidos sucios
y tiemblan insomnes
en calles vacías
De los que vuelven al mar
por una sal de litio
que falta en su cerebro
Bajo los pétalos
de un dedal de oro
se queja
como los perritos dormidos
Ahora que ha decidido irse
un barquero le dará mezcal
en Xochimilco
Dos obispos lo harán beber tequila
y lo entregarán al sol
Dirán que está hecho
de aguas subterráneas
que corren como luz desde sus dedos
Quetzalcóatl
Los danzantes del Zócalo
que hacen mandolinas
con caparazones de armadillos
lo llamarán música muerta
grano de maíz desmigajado
collar deforme
potrillo
para que no lo ahogue
el olor prehispánico
de las iglesias
(pirámide sobre pirámide sobre pirámide)
para que no se extravíe
en el camino a Puebla
entre los ladrilleros
ni se clave los vidrios
de la nostalgia
cuando despierte muy arriba en el cielo
abajo kilómetros de mar
El asteroide choca con la Tierra
deja una estela de especies extinguidas
abre en Chicxulub
un cráter de treinta kilómetros
—después lo taparán los sedimentos—
Hasta él, que cruza en sueños un abismo,
ha sido dañado
Se deja caer a las cavernas azules
agua en el fondo del agua
Dos peces ciegos nadan
sobre su palma de piedra caliza
donde no hay sonidos
pero una cueva se enlaza con la otra
y llegan al mar
Tiene que ser de noche
para que se vea el cielo
y aun así las gaviotas
rizan la espuma
No tendría que haber nubes
para que se vea la luna llena
(más hermosa cuanto más la mira)
y aun así
su cabeza está bajo la lluvia
Los pinos solitarios
huelen a estupor
Y las estrellas… las estrellas
son dos bailarinas en resplandor perpetuo
una blanca, una roja
giran con las manos enlazadas
hasta que explotan
A su mirada la zarandea el brillo
Para conocer más sobre la autora:
Lidia Rocha nació en Trenque Lauquen (provincia de Buenos Aires). Es profesora de literatura, diplomada en Ciencias del Lenguaje. Publicó en poesía “Aves migratorias” (Ediciones del tren, 2006); “Roma” (La Mariposa y La Iguana, 2010); “Así la vida de nuestra primavera” (La Mariposa y La Iguana, 2016); “Soltar la casa” (La Mariposa y la iguana, 2020); “Hechicerías” (Sigamos enamoradas, 2024). En ensayo publicó “El lenguaje del amor en la poesía de San Juan de la Cruz”. Formó parte del plan de lectura “Leer es crecer” de la Subsecretaría de Cultura de la Nación. Realizó el ciclo Poesía en el Living de Recoleta, junto a Susana Szwarc. Colaboró con Inés Manzano en la realización del ciclo de poesía Interiores. Poetas del país e Interiores. Poetas de Latinoamérica. Realiza, con Gerardo Curiá, el encuentro literario Literatura Viva y el programa de radio Moebius.
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